El viernes pasado se le preguntó a la presidenta Sheinbaum sobre el ingreso de militares estadounidenses a suelo mexicano, vía Nogales. La respuesta de la presidenta fue concreta: Fue un internamiento de unos 2 metros; se les pidió que se regresaran y lo hicieron. Nada más. Ese es el hecho, el asunto es que, según cuentan en los equipos de seguridad que hay en la CDMX, la capital está llena de espías de todo el mundo si bien es cierto que tiene que ver con la proximidad del mundial de futbol más de uno de esos elementos tiene que ver con operaciones encubiertas. Nos dicen que hay muchos de EU, pero Canadá, Israel, Francia, Rusia y China tienen desplegados elementos trabajando. Es pues un nido de espías. Hay además otra vertiente importante que se debe de considerar y es el nerviosismo que prevalece en el gobierno federal ante la posibilidad de que algún político mexicano aparezca en algún pueblo perdido de Colorado, Nevada, Nuevo México rodeado de agentes de la DEA, FBI o de la ATF con una pila de acusaciones encima. Lo que sabemos es que en el círculo cercano a la presidenta están tranquilos y están advertidos de que no se va a meter las manos por nadie y en el caso de los cercanos al ex presidente López Obrador pues lo mejor es que tengan sus asuntos en orden.
Los que andan inquietos en el gobierno de la CDMX de plano se pusieron a revisar perfiles de candidatos y con sorpresa para el núcleo duro de Morena y el Obradorismo es que los primeros tres mencionados son Omar Garcia Harfuch, Adrián Ruvalcaba y Luisa María Alcalde; luego está el secretario de Gobierno, César Cravioto; el alcalde de la Álvaro Obregón, Javier López Casarín; y luego Andrés López Beltrán. El asunto es que en la 4T quieren descartar al secretario de Seguridad, entienden que el director del Metro es una pieza de Claudia Sheinbaum y que Luisa María Alcalde no tiene la bendición de Clara Brugada. De los otros nombres bueno pues López Casarín es parte del equipo de Marcelo Ebrard y Andy, bueno, es el hijo del tótem de la 4T, aunque no estén en buenos términos desde diciembre pasado.
El pasado 25 de marzo, empleados de la Universidad Autónoma de Nuevo León recibieron depósitos de hasta 20 mil pesos en sus tarjetas de bonos de despensa, aunque les tocaba un pago de 2 mil 150 pesos; al menos 14 mil tarjetas registraron cantidades superiores por una falla atribuida a la empresa Broxel, responsable de la dispersión porque la universidad depositó a la empresa el monto habitual del mes. El adelanto del depósito programado de los bonos de marzo, debido a las vacaciones de Semana Santa, llevó a que los trabajadores de la UANL detectaran montos inusuales en sus tarjetas al revisar sus estados de cuenta. El asunto es que a las 10 de la mañana se llevó a cabo la corrección de la situación, con el bloqueo temporal de las tarjetas involucradas y el inicio del ajuste de los montos correctos. Pero un día antes las tarjetas de vales de despensa en la Universidad de Guadalajara presentaron fallas y también fue por un error de la empresa Broxel, podrían ser hasta 17 mil trabajadores
Pues según se dice en los pasillos de la Secretaría de Gobernación, la Estrategia Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas es una chamba a la que se debe de enfocar Arturo Medina, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, la bronca es que lo pusieron a trabajar con casos históricos como los desaparecidos en la guerra sucia y los desaparecidos de Ayotzinapa. Lo curioso es que solo fue después de que se hicieron los hallazgos en el Rancho Izaguirre cuando se instruyó el fortalecer los procesos de búsqueda y el tener mejores leyes para la atención de reportes de personas desaparecidas y la obligación de abrir carpetas de investigación por desaparición. En la actual administración, el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas se actualizó. Hay 394 mil registros desde 1950. De esta cifra, 262 mil fueron localizados y de ellos, 240 mil fueron localizados con vida. 132 mil son personas desaparecidas. 130 mil son registros entre 2006 y 2026.