Sin Protocolo / Gobierno despótico
El actual gobierno puede definirse como la continuación del sexenio de Andrés Manuel López Obrador.
De eso no hay duda, salvo matices muy particulares, como la estrategia de la lucha contra el crimen organizado.
Por lo demás pareciera ser lo mismo; similares funcionarios, actitudes, comportamientos, reclamos, censura, reproches y estigmatizaciones.
Se trata de un poder Ejecutivo por encima del Legislativo, pero sobre todo del Judicial; no hay equilibrio de poderes, por lo que se incumple la Constitución.
Habrá una elección inédita, donde se esperan sorpresas por sus riesgos y complicaciones, toda vez que no hay precedentes en México.
Se ha eliminado del vocabulario la palabra “autonomía”, al desaparecer todos los órganos autónomos.
Desde Palacio Nacional se pontifica, se dicta línea, pero también se descalifica y se defiende a todos los incondicionales del oficialismo.
En sentido contrario, la presidenta Claudia Sheinbaum ha emprendido una campaña de denostación en contra de los periodistas.
El pasado fin de semana sobajó a Raymundo Rivapalacio, uno de los columnistas de más sólida reputación en México.
Lo puso por debajo de los preguntadores a modo en las conferencias mañaneras, colocados a propósito en primera fila.
Para la mandataria, el informar, analizar y el cuestionar de los periodistas y medios de comunicación, es propaganda contra su gobierno.
La Constitución Política es clara en su artículo 6, en cuanto a la libertad de expresión y el derecho a informar.
Este jueves Sheinbaum descalificó la crítica que Carlos Loret y Víctor Trujllo, realizaron en torno al Rancho Izaguirre, en Teuchitlán.
Además, dijo que nadie ve Latinus, y que hará una revisión de su penetración para compararla con los medios tradicionales de comunicación.
El pueblo –dijo- lo que quiere es información, “y por eso la mañanera la ve mucha gente”.
Incluso, aseguró que Loret y Brozo son ofensivos con ella. “Las ofensas llegan a lo personal. No es un asunto de información o de debate público, sino ofensas personales”.
En el pasado se le llamaba despotismo a la forma de gobierno en la que una persona o un grupo controlaban el poder.
De hecho, ese término se usa para describir a quienes abusan de su autoridad. ¿Es el caso de la 4T?
Si no lo es, se parece demasiado a esas épocas donde los gobernantes o caciques ejercían el cargo por décadas y con base en la censura y opresión.
X: @JoelSaucedo
saucedosj@yahoo.com.mx















