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Archivos Secretosviernes, 21 de octubre de 2022

La Ogresa de la Roma destazaba a recién nacidos y sus restos los lanzaba al caño

En un estanquillo de la colonia Roma los vecinos hicieron un hallazgo estremecedor, lo que al parecer eran dos piernitas de un recién nacido y muchos algodones con manchas hemáticas que hicieron taparse los caños

Carlos Álvarez / La Prensa

Decrépita, cabizbaja y sin llorar, sino perdida y vuelta hacia el pasado inmediato que la ensimismaba así como la aniquilaba, Felícitas vivía sus últimos días, luego de unos meses que fueron la antesala del infierno cuando se supo lo que hacía.

Éste es el relato de aquella conversación:

-Sí, bueno, ¿quién habla?...

-Habla el sr. “Juan N”.

-¿Y qué se le ofrecía?

-Necesitamos un reportero, pero luego. Hay una nota policiaca importante.

-¿En dónde?...

-En Cerrada de Salamanca 9…

Los emisarios de LA PRENSA salieron casi corriendo del edificio para dirigirse al sitio donde se les requería. En cuestión de unos cuantos minutos llegaron y un señor, chaparro, gordo y con lentes, les hizo señas.

-Aquí… ¿Ustedes vienen de LA PRENSA?

-Sí, señor…

-Yo les hablé. Es un asunto importante. Se trata de una mujer que parece bruja; compra chueco, ha tenido relaciones con la policía, hace algún tiempo su nombre salió en los periódicos por la venta de un niño…

-¿Y ahora?...

-Ahora se ha descubierto una cosa espantosa… Vean…

Los reporteros bajaron la vista para poder enterarse bien.

-¿Y esto…!

-Es el remiendo del piso recién abierto, pero mejor que yo, es el señor quien puede explicarles bien de lo que se trata.

Detrás del mostrador del estanquillo La Imperial estaba un hombre joven de ojos claros y nariz aguileña. Señalándolo, el informante dijo:

-Él vio todo, puede atestiguarlo ante las autoridades…

-¿Y qué paso aquí…? –se le preguntó al que estaba tras el mostrador.

-Pues que encontramos dos piernitas, al parecer, correspondientes a niños distintos.

-¿Y cómo se explica usted el hallazgo?…

Destazaba a recién nacidos

-¡Es como una bruja! –dijo alguien.

-Sí, como una bruja –repitió otro.

-¡Tiene los ojos casi fuera de sus órbitas y con sólo mirarla infunde temor! Sin embargo –agregó alguien más-, visita las casas ricas y da muerte a los niños que...

-Yo no hablo sino de lo que me consta, de lo que he visto –dijo don Francisco.

-[¿Cómo así]…?...

-Hace un mes se taparon los caños del drenaje, que salen por aquí, hasta la calle.

Y señaló el lugar recién tapado con cemento, que aún se estaba fresco.

-Anteayer –continuó diciendo el señor Páez- vinieron unos albañiles, rompieron nuevamente el piso y… ¡qué cosa más horrible! El caño olía tanto que era imposible permanecer dentro de la tienda. Mi mujer vio también, ¿verdad?…

La señora, que había entrado al estanquillo, procedente de las habitaciones interiores, asintió con la cabeza y luego dijo:

-Sí, me consta… Los albañiles sacaron dos piernitas de niño; una de ellas estaba deshaciéndose casi, por lo que dedujimos que correspondía a otra criatura…

-Le dimos parte al cobrador de la casa y vino a ver… Nos quejamos porque no era posible soportar el mal olor que despedían. El cobrador subió a ver a la partera, pero ella había recogido sus cosas y se las llevó quién sabe a dónde…

-¡No es partera! –exclamó alguien más.

-Pues yo no sé… Lo que me consta –agregó el señor Páez- es que, en efecto, lo que obstruía el caño que por aquí sale, era eso… las piernitas de niño.

-0-6… 0-6…

-Radiopatrullas, ¿qué se ofrece?

Los reporteros explicaron a la oficina de control en unas cuantas palabras lo que ocurría y "esperamos, pero aún no habíamos puesto nuestro brazo sobre el mostrador, cuando los chiquillos que había a las puertas del estanquillo dijeron casi a coro":

-Ya viene la patrulla…

Cuando salieron a la puerta, el carro de servicio en el sector 3, a las órdenes del teniente José López, se detuvo.

-¿Y dónde vive la “partera”?…

-Aquí arriba, en el tercer piso.

-Por aquí, por aquí se sube…

Y un grupo de chiquillos se puso delante de los patrulleros para mostrarles la casa donde habita Felícitas Sánchez.

Un estanquillo de parapeto

Como los radiopatrulleros no encontraron a Felícitas Sánchez en su casa, investigaron que podrían hallarla en una tiendita que tenía en la calle de Guadalajara y, minutos después, llegaron allí.

La dependiente, María González, informó que había salido de allí desde las seis de la mañana, pero algunas otras personas manifestaron a los investigadores haberla visto quince minutos antes de la denuncia.

De acuerdo con apuntes de los reporteros, en ese entonces, la policía había recogido fetos o niños recién nacidos de varios lugares de la colonia Roma, sin que se supiera cómo o de dónde provenían ni quién era responsable de esos actos.

Se busca a la fiera

Hasta la noche del 8 de abril, la policía no había podido localizar a la “partera” Felícitas Sánchez, quien provocó verdadera indignación entre el vecindario de Cerrada de Salamanca y calles cercanas, a tal grado que pronto la llamaron La Fiera.

Tanto Sofía Sánchez, la inquilina de la “partera” Felícitas, como la dependiente María González, convinieron al ser interrogadas en que atendía a las señoras que la llamaban porque se encontraban encinta o en vísperas de dar a luz.

María González, a quien se entrevistó en La Quebrada, se mostró sorprendida y triste, aunque quiso aparentar tranquilidad.

Le preguntaron los reporteros:

-¿Su patrona es comerciante?…

-No, se dedica a la medicina.

-¿Y tiene título?…

-No sé…

-¿Pero dónde consulta?…

-Quién sabe… Posiblemente en su casa… En casas particulares.

Un muchacho despepitó todo

-Me consta porque lo vi -dijo-, que Roberto, Felícitas y un individuo apodado El Güero se llevaban a los fetos o los niños en un automóvil y los iban a tirar lejos.

El drama se pintaba sombrío y sórdido; en un cruel relato en el que Felícitas hizo creer al marido que primero una y después la otra, sus dos hijas, habían muerto.

Cincuenta asesinatos

Isabel Baños, quien ayudaba a Felícitas en su macabra tarea, fue localizada en la casa número 779 de Bolívar, en la colona Álamos, domicilio de la familia Flores, cuyo jefe era un prominente funcionario de la Cámara de Diputados.

-Además –le dijo Felícitas-, a usted nada le cuesta callarse la boca, pues ya ve que en cambio de sus servicios y de su silencio tiene buena paga.

Hace algunos días (dos antes de descubrirse todo), Martínez Nieves recibió un telefonema de Felícitas:

-Maestro, quiero que venga a hacer un trabajo de los que usted ya sabe.

-No tenga cuidado, ya sabe que no diré nada a nadie.

Y en esta forma, el plomero siguió sacando pequeños cráneos envueltos aún en carne putrefacta; piernas, bracitos y vísceras de las cloacas de la criminal maternidad.

"La Hiena" declara

La descuartizadora siguió tranquila en su calabozo de la Sexta Delegación de Policía. Su cuerpo rechoncho y sus ojos saltones fueron objeto de duro comentario de los compañeros de ya entonces apodada “Ogresa”.

El 15 de abril de 1941, el coronel Leopoldo Treviño Garza, jefe de los Servicios Secretos de la Jefatura de Policía, tomaría declaración a Felícitas y sus cómplices, obedeciendo instrucciones que le fueron dadas por el general Miguel Z. Martínez.

Obviamente, negaba todos los cargos que se le formularon y se antojaba imposible que se resolviera a confesar.

A medida que surgía la verdad, ya fuera por testimonios o por lo que la propia Felícitas declaraba a cuentagotas, sobre el caso el público quería saber más, los mórbidos detalles, los por qué, los quiénes.

A juzgar por lo que de “dientes para fuera”, como se dice vulgarmente, declaró Felícitas, ésta hacía aparecer como señoritas en su rudimentario consultorio, muchachas de todas las clases sociales y, principalmente, burócratas.

La policía conoció los nombres de muchas de aquellas chicas y mujeres y supo también las direcciones y los nombres de médicos y parteras que se dedicaban al mismo negocio a que se dedicaba Felícitas, por lo que, según se dijo, también serían aprehendidos.

Desfile de testigos

El comandante Jesús Galindo hizo llevar a la Sala de Agentes a todos los testigos de cargo en su contra; desde el dueño de la tienda La Quebrada, señor Páez, hasta el mozo encargado de ir a tirar los despojos infantiles a basureros y otros lugares de la ciudad.

Declaró también Eufrosina Saldívar, pero Felícitas señaló a las dos como gentes interesadas en perjudicarla por tener parentesco con su amante Carlos Conde que, según ella, fue el que intrigó para que se la metiera a la cárcel.

Se aclaró asimismo que era el doctor Edmundo Bonequi, quien preparaba los cuerpecitos que luego recibía Felícitas y enterraba por su cuenta.

Felícitas contó parte de su vida, pero se guardó muchas infamias. Sin embargo, confesó la muerte y entierro clandestino de cuatro infelices criaturas; dos en unas grutas de Tacubaya, uno que fue arrojado al Gran Canal y otra más en Río Frío.

En huelga de hambre

Los ojos saltones los abría y los cerraba con dificultad y en las comisuras de su boca se advertían resecos espumarajos en tanto que su cuerpo se debatía en violentas convulsiones.

-¡No quiero estar aquí! –decía con voz queda y las manos en su vientre.

Se dijo que la criminal mujer estaba envenenada, pero enseguida uno de los detectives de servicio de la guardia especial nos informó que Felícitas Sánchez Aguillón no había querido probar alimento desde hacía cinco días.

Entonces, Felícitas quiso incorporarse, pero solamente pudo hincarse recargándose en la pared.

-No me dan de comer- balbuceó y se desplomó.

Cínica confesión

Finalmente, el sábado 26 de abril de 1945, a mediodía, se pudo tomar la declaración preparatoria de Felícitas Sánchez Aguillón, acusada de infinidad de infanticidios.

¡En libertad...!

Durante el interrogatorio hubo momentos en que sufrió o aparentó sufrir leves desvanecimientos. Con palabra leve y reposada, contestó a las preguntas que le formularon, procurando siempre no incurrir en faltas que le ocasionaran serios perjuicios.

Al ver penetrar a los personajes que intervinieron en la diligencia, exclamó:

“Todo es mentira… pura mentira. Si declaré en la forma que lo hice en la policía, se debió únicamente a que Carlos Conde me dijo que sólo así era la manera en que saldría menos comprometida.”

El juez que le instruyó el proceso, inició interrogatorio preguntando a Felícitas sobre su participación en el delito de los abortos que se le imputaban.

¡Saldrá sin castigo...!

Por lo tanto, tal vez quedarían en el misterio las actividades delictuosas a que se dedicaban, como también quedaría oculto para siempre entre el juez y los defensores de los acusados las componendas que determinaron tan inexplicable dictamen.

El reportero de LA PRENSA escribió: “Ojalá se lograra descorrer el velo que entraña todo este misterio en beneficio de la sociedad, que pugna porque sean castigados los delitos de tal magnitud”.

Puntos resolutivos

A las 14:00 horas se dio a conocer el dictamen, conteniendo los siguientes puntos resolutivos:

1.o- Se decreta la formal prisión o preventiva a Felícitas Sánchez Neira o Aguillón y Carlos Conde, como presuntos responsables del delito de violación a las Leyes de Inhumación.

2.o- Se decreta la libertad por falta de méritos, con las reservas de ley, de Felícitas Sánchez Neira, Isabel Baños Peña y Aurelia González Torres, como presuntos responsables del delito de aborto.

3.o- Se decreta la libertad, por falta de méritos y con las reservas de ley, de Isabel Peña, Carlos Conde Reyes y Felícitas Sánchez Aguillón, por lo que hace al delito de asociación delictuosa.

4.o- Se decreta la libertad con las reservas de ley de Felícitas Sánchez Neira o Aguillón, por lo que hace al delito de responsabilidad médica y técnica y

5.o- Se decreta la libertad por la falta de méritos, con las reservas de ley, de Salvador Martínez Reyes o Nieves y Gustavo Aguilar Vargas, por el delito de encubrimiento.

Solo faltas leves

Lo más increíble fue que quizás el mismo 28 de abril de 1941 saliera libre La Ogresa bajo fianza, quien se encontraba acusada de los delitos de provocar alumbramientos, asociación delictuosa, responsabilidad médica y técnica y violaciones a la Ley de Inhumación.

Se ignoraba a qué se debió que entre las acusaciones no figurara el delito de infanticidio en un infante desconocido de ocho o nueve meses, y cuyos miembros fueron encontrados obstruyendo la cañería de la casa de la Cerrada de Salamanca número 9.

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