La Mora Parte 1: ¿Encontraría a La Mora?
Sammy Loren es un escritor y productor de videos. Está lanzando ‘Cartel, Inc.,’ una novela sobre un videoartista fracasado que es secuestrado por un cartel mexicano y forzado a dirigir sus publicidades de TikTok. Ahora vive en LA y cura Casual Encounters, una serie de lectura semanal
La Mora
Por Sammy Loren
Traducida por Mariana Rodríguez
¿Encontraría a La Mora?
1
—Adoro a Yuri—dijo en español. Miré hacia arriba y ahí estaba ella con una camiseta andrajosa de Aliens & Anorexia, la novela de Chris Kraus, y un Benson and Hedges ardiendo entre sus labios.
—¿Eres mexicano?
—No, sólo soy un gringo neurótico— le respondí.
Arqueó una ceja, me miró fijamente, fumó.
—Me encantan los judíos—me dijo… Así fue cómo me enganché.
Por supuesto que me pregunté: ¿Era La Mora la indicada? Ella sonrió de manera criminal.
—Como sea, mi gringo judío, vengo de la Ciudad de México, ya es viernes por la noche, el clima está riquísimo, ¿Qué plan?
—Se me antoja comer comida china—dijo.
—Me encanta la comida china—le dije—preguntándome cómo chingaos la iba a convencer de comer ensaladas; incluso cuando ya estabamos agarrando un pato entero en el barrio chino. Mientras pagaba, reservé una clase de síclo para las 5 de la mañana.
Luego nos encerramos en mi casa y pasamos un rato platicando, tomando, cogiendo.
Ella estaba de visita en la ciudad con algún coleccionista, artista o escritor. Para una inauguración o para una feria de arte. La verdad es que perdí el hilo de su historia. Sólo me gustaba la manera en la que la contaba, como si yo fuera su protagonista.
El lunes me desperté, hice dos horas de yoga, me bañé y me despedí con un beso de La Mora.
Sobre la mesa le dejé una llave y una nota: Regreso por ahí de las 6 de la tarde.
Ya en la oficina tomé mi teléfono para enviarle un mensaje a La Mora y me di cuenta de que no sabía su verdadero nombre, su teléfono, ni su Instagram.
El día avanzaba. Fui al gimnasio y esperé a que La Mora me mandara una solicitud de amistad o me llamara, seguro que le había dicho mi arroba. De regresó a casa compré vino y pechugas de pollo hervidas y sin piel.
Ya regresé, grité al abrir la puerta con mi llave.
Por supuesto, mi casa estaba vacía. El cepillo de dientes ecológico no estaba. La compu, desaparecida. Los fajos de dinero en efectivo pegados debajo de mi cajonera: Adiós.
En la mesa encontré Transmigración de los cuerpos hecho mierda y la nota que le había dejado a La Mora esa mañana. Debajo de mi texto estaba el de ella:
Hola mi gringuito judío,
Gracias por el finde. Come algo, el pato no está tan mal. No me odies.
Besitos,
M.
Texto en inglés
1
Would I find La Mora?
For days I’d been stalking Sunset Blvd, circling Echo Park Lake, poking around the Peking ducks in Chinatown. And yet, no sign of her buttery suede boots, the waterfall of black hair, the parachute linen shirt she belted into a dress.
A week earlier I’d been in Stories' patio reading Yuri Herrera’s Transmigración de los Cuerpos when La Mora paused at my table.
I adore Yuri, she said in Spanish. I looked up and there she stood in a knockoff Aliens & Anorexia t-shirt, a Benson and Hedges burning between her lips. Are you Mexican?
I’m not, I said. Just a neurotic gringo.
She cocked an eyebrow, stared, smoked.
I’m craving Chinese, she said.
Then we locked ourselves in my craftsman and did little beyond, talk, drink, fuck.
Monday I woke, practiced yoga, showered, kissed La Mora goodbye.
On the counter I left a key and a note: Back around 6pm.
At the office I opened my phone to text La Mora and realized I hadn’t gotten her name, number, Instagram.
The day ground on. I hit the gym and waited for La Mora to follow or call, I’m sure I’d mentioned my details. On the way home I picked up orange wine and poached, skinless chicken breasts.
I’m back, I called, keying open the door.
Of course, my house was empty. Eco toothbrush disappeared. Laptop gone. The bricks of cash taped to the ribcage of my dresser missing.
On the counter I found the abused copy of Transmigración de los Cuerpos and the note I’d left La Mora that morning. Beneath my writing was her’s.
Hola my little Jewish Gringo,
Thanks for the weekend. Eat something, the duck’s not bad. Don’t hate me.
Arte: @b0mbay_
Dirección: @andresxestrada
Edición - @casualencountersz
Editor web de La Prensa, amante de los deportes, la fotografía y la comida. Me gusta contar historias y la forma en que se cuentan



























