La Mora Parte 2: ¿Te puedo tomar una foto?
Sammy Loren es un escritor y productor de videos. Está lanzando ‘Cartel, Inc.,’ una novela sobre un videoartista fracasado que es secuestrado por un cartel mexicano y forzado a dirigir sus publicidades de TikTok. Ahora vive en LA y cura Casual Encounters, una serie de lectura semanal
La Mora
Por Sammy Loren
Traducida por Mariana Rodríguez
2
En tan sólo un fin de semana La Mora me había seducido, robado y roto el corazón… ¿Me creerías si te digo que estoy enamorado?
Avisé a mi trabajo que estaba enfermo y pasé la semana sobrevolando como un zopilote el Echo Park, acechando la cafetería Stories, comprando patos y cerditos lacados en el barrio chino, posteando videos de los festines en TikTok y fugándome sin pagar la cuenta.
La Mora me consumía: la curvatura de sus caderas como una guitarra, los ojos oscuros felinos, la rapidez con la que me había rechazado y me hizo arrastrarme pidiendo por más. Pasé horas en Instagram, TikTok, Facebook y cuando me desesperé, hasta LinkedIn.
Claro que consideré olvidar la aventura, volver a mi triste trabajo, el abismo de las aplicaciones, los albatros de las redes sociales. Hay destinos peores que perder al amor de tu vida.
Sin embargo, después de botar cada caloría en mi cocina y desinfectar toda, hojeé Transmigración de los cuerpos y descubrí las notas que La Mora había estado garabateando en los márgenes.
El centro
El cine secreto
Escandalar
La poeta
Cine Ópera
El Covadonga
La Mascota
Googlié esos nombres, y todos apuntaban a la seductora y asquerosa capital de México.
¿Eran códigos? ¿Pistas? ¿Un poema de amor?
Pedí un Uber y le entregué las llaves de mi casa a un matrimonio fifi que alquilaba mi casa por Airbnb. Me mareé, sin saber si era la hambre o la deshidratación… o tal vez debería internarme en un manicomio.
—¿Para dónde vas?—preguntó el marido. Su pregunta me hizo regresar a la realidad. Sonreí, sabiendo que mi respuesta le haría odiar su cagadísima existencia subscrita a Amazon Prime.
—¿Algún lugar emocionante?
—Ciudad de México, le presumí, subiéndome al Uber.
—Tienes que ir a Pujol—intervino la esposa—Es un must… bueno, eso en caso de que puedas conseguir una reservación.
Ya en el aeropuerto casi pierdo mi vuelo por estar en el teléfono, llamando al Pujol, tratando de conseguir una mesa.
Texto en inglés
2
In one weekend La Mora had seduced me, robbed me, broken my heart. Would you believe me if I said I was in love?
I called in sick and spent the week vulturing Echo Park, lurking in Stories, ordering lacquered ducks and baby piglets in Chinatown, posting videos of the feasts to TikTok, fleeing without ever paying the bill.
La Mora consumed me: the guitar curve of her hips, charcoaled cat eyes, the speed with which she’d kicked me away and made me grovel back for more. I spent hours stalking Instagram, TikTok, Facebook and when I got desperate, LinkedIn.
Sure, I considered forgetting the affair, returning to my sad job, the abyss of apps, the albatros of social media. There’s worse fates than losing the love of your life.
However after tossing out every calorie in my kitchen and bleaching it clean, I paged through Transmigración de los Cuerpos and discovered the notes La Mora had been scribbling in the margins.
I googled the names; they all led back to the seductive, revolting capital of Mexico.
Codes? Clues? A love poem?
Where you headed? asked the husband. His question sobered me up. I smiled, knowing my answer would make him loath his potty-trained, Amazon Prime existence. Anywhere exciting?
Mexico City, I gloated, climbing into my Uber.
You must eat at Pujol, the wife chimed in. If you can get a reservation.
At the airport I almost missed my flight, phoning Pujol, drowning in anxiety, trying to book a table before take off.
Arte: @b0mbay_
Dirección: @andresxestrada
Edición - @casualencountersz
Editor web de La Prensa, amante de los deportes, la fotografía y la comida. Me gusta contar historias y la forma en que se cuentan