El Muro / Legalicen la droga
Un acto sensato sería aprovechar la oportunidad que da la muerte del líder de un grupo criminal para hablar sobre legalizar las drogas como la mejor forma de reducir la violencia.
Hay al menos dos hechos que sustentan el planteamiento:
Uno: El consumo de droga jamás se detendrá, ha formado parte del humano desde hace miles años, ya sea en rituales o con fines medicinales, religiosos (“Archaeological Evidence for the Tradition of Psychoactive Plant Use in the Old World”, “The origins of cannabis smoking: Chemical residue evidence from the first millennium BCE in the Pamirs”).
El problema ha llegado con la prohibición, luego con la criminalización del consumo, su distribución. El caso de la ley Volstead en los Estados Unidos o ley seca de alcohol, a comienzos del siglo pasado, debió servir como ejemplo, pero no fue así.
A pesar del veto del presidente Wilson, los congresistas norteamericanos aprobaron la enmienda en 1919. 14 años después y con miles de fallecidos, fue derogada.
Dos: En el estudio titulado “Más allá del castigo: de las respuestas de la justicia penal a la reforma de la política de drogas”, entre otros puntos, analizan a detalle las consecuencias de los castigos como la vía para controlar todo lo relacionado a los estupefacientes.
En el documento participaron personajes, entre los cuales están ex presidentes como Ernesto Zedillo, empresarios de talla mundial, políticos de países desarrollados.
La conclusión es simple: Despenalizar las drogas, meterlas al mercado convencional, es la única solución viable.
Y bien, si es legalizada, ¿aumentarán las personas adictas? En “Percentages of problem drug use and their implications for policy making: A review of the literature”, explican que el consumo problemático no es tan grande como lo pinta la creencia popular.
Es prudente plantear el caso de las drogas de diseño, aquellas creadas para enganchar a la persona desde su uso inicial. Ahí el asunto es diferente.
De cualquier manera, el sistema de control actual, la guerra al narcotráfico en México, no ha servido de mucho. Su legado es medio millón de muertos en 20 años y una cultura permeada hasta en sectores privilegiados, quienes ven al jefe de la mafia como un modelo a seguir

















