Amar a Mexicali, sobrevivir y permanecer
Date una vuelta por el Chicali Tragón
Karina Villalobos
Por si alguien aún no lo nota, yo amo a Mexicali no sólo con todo mi corazón, sino con cada centímetro de órganos, vísceras y piel que me conforman.
Cuando hablo de mi tierra no falta quien me ha pedido “que le baje, que ni que fuera para tanto”, mi única respuesta siempre es: yo soy Mexicali.
Cuando manejo por el valle, intento que siempre me toque la hora dorada, porque hay pocas cosas tan espectaculares como los sembradíos bañados por el oro eterno del sol, y si hay nubes, la visión es para abrir la boca y tirar unas cuantas lágrimas.
¿Han estado alguna vez parados uno de esos puentes diseminados en el Valle?
Y luego la ciudad, incaminable, sin banquetas, de concreto que hornea el ambiente, con olor a industria, comida y vacas.
Gritamos, siempre gritamos, y a veces cuando regreso de andar lejos llego a pensar que hablamos ladrado, pero es que así tiene que ser, si no el desierto se tragaría cada sonido
Con esta colaboración se cumplen tres años de vida del Chicali Tragón. Yo no soy chef, ni cocinera, ni crítica gastronómica. Pero sí soy tragona y amante de la ciudad.
Reconozco con emoción que en los últimos años han habido nuevas propuestas y ganas de darle una identidad más amplia a Mexicali, no tengo problema con que se nos conozca por el calorón, la comida china y los tacos, porque eso somos, pero también somos otras cosas.
UNA TRADICIÓN
El Heidelberg es ese lugar alemán de la Calle Madero que no sirve comida alemana. En 1986 sí lo hacía, pero un año después cambiaron el concepto a comida internacional, y desde entonces, como muchos de nosotros, no solo se ha quedado, sino que ha resistido todo.
A pesar de que no he probado todo lo que ofrece la carta, creo que sí la conozco en un 80% y para celebrar Dena y yo decidimos optar por nuestra entrada favorita y uno de los platos que ninguna había ordenado jamás.
Arribamos a la 1 de la tarde, y el sol filtraba por los vitrales de manera delicada y limpia. Decidimos comer en el bar, porque nos gustan sus mesas altas. La tarde sólo podía empezar como se empieza aquí todo: agua bien helada, palomitas, y una ronda de mezcal.
Pareciera que fuimos discretas celebrando con solo 2 platillos, pero las raciones son generosas y vuelvo de manera regular a sus mesas.
*Mexicalense, comunicóloga e historiadora por la UABC, voz de radio en Los 40 Mexicali y directora de Punto 56 Centro de Estudios Fotográficos.

































