"Creo que el Estado no debe intrometerse porque al final del día es droga, no es agua (...) creo que el Estado debe ser muy sabio en cómo va a estar estableciendo la venta es estos estupefacientes", comentó.
Actualmente los capibaras tienen una relación más estable con sus médicos veterinarios así como con los visitantes, quienes pueden alimentarlos arrojandoles comida especial de una máquina dispensadora