Contraluz | Doña Lupe
Eran otros tiempos, ¿recuerdas?
Un día me contaste que te habías quedado huérfana muy chica; en plena Revolución llegó la peste y se llevó a mi abuela María Elena y poco después, la tisis que decían entonces, se llevó al abuelo José María.
Los tíos, tus hermanos, me dijeron que desde siempre fuiste muy fuerte; que cuando tu mamá llamó a sus hijas para que la acompañaran “a bien morir” sólo tú te controlaste, y aún entre lágrimas rezaste completos los salmos que te pidió le leyeras.
Ella, tu madre, no vio muchos días más la luz del amanecer de nuestra ciudad, pues también se la llevó la peste.
Duraste un día en el convento, no te gustó que el confesor te dijera que todo lo que te pasara, sintieras o pensaras se lo tenías qué contar. Y entonces no lo pensaste más y saliste de nuevo con tu maleta y con otros sueños menos abrumadores y menos oscuros.
Un día tuve un festival atlético en la escuela. Los padres de familia habían sido invitados, pero todo había sido hecho con premura y apenas alcancé a avisar en casa.
Comunión; los viernes, recuerdo también, ibas invitada a una vecindad cercana con el mismo objetivo de preparar niños y niñas para la Primera Comunión.
Partiste de nuestro mundo a la dimensión de la plenitud, luego de largo coma y de sobrevivir a papá más de 30 años.

















