La pista / Deuda en máximos
México alcanzó un nivel de deuda bruta de 56.61% del PIB en febrero de 2026, el más alto desde 1989. No es un dato aislado ni una variación técnica. Es el reflejo de una tendencia que se ha consolidado en los últimos años y que hoy empieza a mostrar sus implicaciones.
Desde 2019, primer año completo del gobierno de Morena encabezado por Andrés Manuel López Obrador, la deuda pública no ha dejado de crecer. Más allá del discurso de austeridad, el balance es claro: el gasto ha superado de manera sistemática a los ingresos.
El crecimiento económico, además, no ha sido suficiente para compensar. México avanza, pero no al ritmo necesario para absorber el incremento del endeudamiento. Cuando la economía crece menos que la deuda, el resultado es inevitable: el peso relativo aumenta.
El cierre de la administración anterior también jugó un papel clave. El aumento del gasto y del déficit dejó una base más alta de endeudamiento. Ese punto de partida explica buena parte del nivel actual y condiciona las decisiones del presente.
Hoy, en el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum, la deuda se ubica en su punto más alto en décadas. Pero reducir la discusión a una simple herencia sería insuficiente.
Porque el problema no es solo lo que se recibió, sino lo que se decide mantener. Hasta ahora, no hay señales claras de un cambio de fondo en la política fiscal. Se sostiene el mismo modelo de gasto, con los mismos incentivos y las mismas presiones.
Y ahí está el punto de fondo. No es solo la factura del pasado, es la decisión del presente.
Porque la deuda no es un dato. Es una señal de rumbo.

















