Dos años divididos
Más allá de la discusión sobre el rumbo del país, sobre los resultados o las carencias de las políticas públicas de esta administración, la discusión se ha centrado en definir bandos, estereotipos, en marcar líneas imaginarias, en segmentar, polarizar y dividir.
Hemos caído como sociedad en la calumnia fácil, lo mismo nos enciende la falta de medicamentos para niños con cáncer que las inoportunas declaraciones de algún funcionario, o que los españoles, 500 años después, no hayan pedido perdón por la conquista.
Y no es totalmente nuestra culpa, pues el ejecutivo federal ha contribuido diariamente a crear estos marcos mentales, que si bien le otorgan márgenes mínimos de gobernabilidad, también contribuyen a ese encono desintegrador de un México que anteriormente había sabido reponerse resilientemente de todo pasado doloroso.
Más allá, AMLO pasó de 82% de aprobación presidencial en enero de 2019 a 56% en la última medición. Una reducción de 26%.
Pero esto no debe ser munición para quien está en contra, ni tampoco motivo de júbilo público, porque incentiva a caer, nuevamente, en la espiral de la descalificación y en la construcción de pertrechos de ataque, de pugna y de odio que continuarán cimentando bandos y banalizando el debate nacional.
Dejemos el lenguaje del encono, favoreciendo el de no agresión. No podemos estar eternamente divididos, México requiere mucho más de nosotros.
*Presidenta de Coparmex Querétaro

















