Zoon politikón / La independencia pérdida
En Sinaloa, por segundo año consecutivo, las autoridades cancelaron el festejo patrio porque, palabras más, palabras menos, “no había condiciones”, es decir, no había manera de garantizar que la plaza cívica no terminara convertida en campo de batalla.
En Michoacán y en Oaxaca la historia fue similar: calles vacías, bailes suspendidos, campanas calladas, banderas ondeando entre la incertidumbre y el miedo. Y entonces uno se pregunta: ¿de qué independencia hablamos cuando es el miedo quien dicta la agenda nacional?
Morena ha administrado la independencia como si fuera trámite burocrático: libertad mientras no incomode a los criminales, soberanía con permisos expedidos por los cárteles. Una parodia de la historia en la que Hidalgo habría tenido que pedirle permiso a la Corona para convocar al levantamiento.
Es difícil no sentirse ridículos como país cuando después de mas de 200 años de haber ganado nuestra libertad no podamos izar una bandera sin temer a que la pólvora no la encienda un cohete, sino una ráfaga de fusil.
Dirán algunos que no pasa nada, que solo es una fiesta. Pero los símbolos importan, porque son el pegamento de toda nación, y ese instante en que escuchamos el grito al unísono nos recuerda que, pese a todas nuestras diferencias, compartimos un mismo país.
¿Qué ocurre cuando se nos arrebata ese momento? Que se nos va también el tejido que nos mantiene unidos y nos transformamos en un archipiélago gobernado por el miedo, donde el calendario no lo dicta la Secretaría de Gobernación sino la agenda caprichosa de un grupo criminal. Quitar una fiesta no es un gesto menor; es un mensaje de derrota.
Lo que deberíamos gritar, entonces, este 15 de septiembre no son las loas oficiales que se repiten desde el balcón presidencial, sino la verdad que más incomoda: nos están robando la independencia en cuotas mensuales, con tal habilidad algunos gobernadores han quedado resignados.

















