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Culturamiércoles, 5 de febrero de 2020

Contraluz: Boleros

Transitó de las cantinas a las calles en forma de serenatas con una temática romántica que fue aceptada por todas las clases sociales

Carlos Jiménez E. / Colaborador / Diario de Querétaro

Una de las grandes manifestaciones culturales la constituye hoy en día el bolero, expresión que nació a mediados del siglo XIX en Cuba y que se difundió posteriormente a todo el Caribe y entró a México a principios del Siglo XX por la península de Yucatán.

Dicho género se distingue elementos rítmicos que pasaron del compás ternario de 3/4 a 4/4 y 2/4 y formas de composición ralentada, melancólica y nostálgica.

Se considera que el primer bolero fue Tristezas del escritor cubano José Pepe Sánchez, en 1883.

El bolero transitó de las cantinas a las calles en forma de serenatas con una temática romántica que fue aceptada por todas las clases sociales.

En México el bolero tuvo su desarrollo inicial a partir de los “tríos” de guitarra, abarcando después a orquestas tropicales y a orquestaciones sinfónicas.

En este proceso fueron de gran importancia los programas radiofónicos, la televisión, el cine y la industria del disco.

Se considera “Morenita mía” de Armando Villarreal Lozano como el primer bolero mexicano compuesto en 1921.

Cabe mencionar que José José y Rocío Dúrcal fueron otros dos muy destacados intérpretes del bolero.

“Noche de Boleros”

Evento que concluyó con nutridos aplausos y la promesa de nuevas noches bohemias en los siguientes meses.

La buena música siempre une, es como decía el profesor Loarca Castillo “alimento espiritual y generadora de alegría y paz en la comunidad”.

“Chamín” Correa

A propósito de boleros, el pasado 14 de enero falleció Benjamín “Chamín” Correa, músico non y bolerista sensacional, a los 90 años de edad.

Fue acompañante y arreglista de numerosos éxitos en producciones de José José, Luis Miguel, Julio Iglesias, Gloria Estefan, Enrique Guzmán, Tania Libertad, Flor Silvestre y Óscar Chávez.

En alguna ocasión lo fui a ver en “Las Sillas” del Hotel Fiesta Americana en la Ciudad de México.

Se me quedó desde entonces muy gravada su enorme calidad y virtuosismo con la guitarra, cuando de pronto, dialogaba y era muy cercano al público, me preguntó qué canción quieres y cómo quieres que la toque.

Recuerdo que le pedí que tocara como si la hubiera hecho Mozart, una canción romántica que cantaba Julio Jaramillo.

Su virtuosismo, armonía y conocimiento musical sorprendieron a todo el público.

Ya después, en plática posterior, me comentó que escuchaba música de toda, pero que especialmente se nutría de las obras de Mozart, Wagner, Hayden, Shuman, Haendel, Verdi y Gounod.

Nunca olvidé aquella formidable y sorprendente velada.

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