Vitaflumen: Nieva
En las banquetas, los montones de nieve esponjosa acumulados durante las primeras semanas de invierno
Por: Sandra Hernández
Mañanas felices junto al hornillo, contemplando cómo las flores de hielo
se funden lentamente —mañanas felices
cuando la nieve cuaja, cuaja, cuaja
entre los bloques. Señor,
¿por qué me das mañanas felices? Mañanas felices
abriendo la ventana, tragando el frío
y contemplando cómo la nieve cae entre los bloques. Podría ser
Canadá, Siberia…
[…]
Qué raro, los copos vuelan hacia arriba, hay tanta soledad,
cuánta soledad feliz me has dado, Señor,
más soledad que en el otoño
más dorado,
como en ningún verano —aquí estoy.
[…]
He aquí mi definición: estoy aquí, junto al hornillo
con la felicidad en el alma, contemplando la nieve —la que se ve
por el cristal ondulado— un individuo melenudo
que solo quiere una cosa: estar aquí
junto al hornillo, con la felicidad en el alma, contemplando la nieve,
los copos vuelan hacia arriba, luego titubean en el aire blanco
caen oblicuos, en la profundidad de los bloques
y vuelven a subir… ¡qué cosa tan rara! ¡qué cosa tan curiosa!
sí, qué curioso, Señor: estoy solo y vivo mañanas felices.
Este invierno no estoy allá, en Quebec. Parece que he tenido suerte porque ha sido más duro de lo habitual. Pero, si busco un poco de sosiego, la soledad perfecta, cierro los ojos y aquí dentro nieva, nieva, nieva.
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Texto y fotografías de Sandra Hernández, arquitecta y fotógrafa. Su pasión por el tema urbano y su acontecer cotidiano le ha llevado a explorar el mundo desde estas dos disciplinas cuya práctica está estrechamente ligada: una complementa a la otra.
Cuando no está de viaje trabajando en algún proyecto, divide su tiempo entre las ciudades de Quebec, Canadá y Querétaro, México.
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