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Análisisviernes, 30 de enero de 2026

“Debo, no niego; pago, lo justo”

Juan y María, nombres usados para proteger su verdadera identidad, son dos empresarios transportistas que conocí hace poco más de cuatro años en el Barzón.

Ellos llegaron al Barzón, en el punto límite de la decisión final, para dejar de pagar su crédito hipotecario, un crédito que sostuvieron pagando de manera puntual durante más de veinte años.

Sucedió que la medida de “apoyo” que le ofreció el Banco, en aquel entonces, era hacer una “reestructura de la deuda” para poder bajar la mensualidad, medida a la que ellos accedieron, pues eran buenos pagadores y no querían por nada del mundo dejar de pagar.

Lo que el Banco omitió explicarles, es que esa baja mensualidad no iba a ser definitiva, sino temporal. Pues al cabo de unos años más, el importe de la mensualidad volvería a subir para quedar, no igual, sino peor de como comenzaron.

Pues como Usted sabe, en todo crédito hipotecario, los primeros años del monto total de la mensualidad, la mayor parte se va a intereses. Y a capital se abona una mínima cantidad.

Pues con la firma de la reestructura, aceptaban –sin saberlo- que lo pagado se perdiera, y comenzar desde ceros, y pagando con los primeros años de las mensualidades, primero los intereses y dejando intacto el capital.

Así con el crédito original y su reestructura, no hicieron ni cosquillas al momento de la deuda, en veinte años que llevaban pagados.

Incluso pagando de manera fraccionada una sola mensualidad (en dos o tres partes) el importe de una mensualidad.

Situación, que como le expusimos al banco se complicó aún más después del 2020 cuando por la pandemia, alguien del mismo banco habló con ellos para convencerlos de entrar al programa de “supuesto apoyo” que fueron los planes covid.

Y que a la larga saliera peor el remedio que la enfermedad, pues esos programas no tenían nada de apoyo, pues también generaron intereses (los famosos intereses covid) y aparte, como es sabido por todos, la pandemia no se resolvió, ni en cuatro, ni en seis meses.

Entonces vencido el plazo de espera, ya les esperaba senda cuenta por pagar, aparte de la mensualidad, y todo ello, sin que su actividad económica se reestableciera.

Es decir, para no quebrar financiaban su giro, con otros créditos, y para comer y vivir igual; consecuencia de ello, lo que les quedaba era a veces nada. Pero resistían porque era su fuente de ingresos.

Y es que, por ejemplo, si viajas a cualquier punto de la república, o en taxi, ¿cuánto ha subido y cuantas veces en doce años? Y el pasaje local, no ha subido ni un solo centavo, así que los costos de operación los estamos pagando nosotros, o sea Juan y María.

Es verdad, todo ha subido en doce años, menos el pasaje urbano…

Hoy que ha sucedido, recuerdo mucho a los compañeros y siento que hay mucho que decir y reflexionar sobre el particular asunto.

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