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La educación y la pobreza en México están íntimamente relacionadas. Más de la mitad de los adultos en el país no tiene estudios completos de educación media superior, lo que limita sus oportunidades laborales y perpetúa la pobreza. Además, la calidad y el acceso a la educación son desiguales, afectando especialmente a los grupos vulnerables en regiones rurales. La falta de educación adecuada contribuye a la pobreza y la desigualdad, ya que la educación es un factor clave para el desarrollo y la mejora de las condiciones de vida. Hoy se ha identificado que la educación superior puede ser eficiente en la reducción de la pobreza, pero su acceso y permanencia sigue siendo un reto aunque sea gratuita.
La nueva medición del Inegi indica que la pobreza en México pasó de 41.9 a 29.6 por ciento. Si bien, entre 2018 y 2024, el porcentaje de la población mexicana en situación de pobreza pasó de 41.9 por ciento a 29.6 por ciento, de acuerdo con la nueva medición del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) –que asumió esa responsabilidad tras la desaparición del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval)–, académicos de la Escuela de Negocios ITESO (ENI) consideran necesario ampliar la perspectiva ante esta noticia. El dato equivale a 13.4 millones de personas menos en cuanto a pobreza y confirma una mejora significativa. Sin embargo, dentro del número 15 del Boletín de análisis económico de la ENI se llama a la cautela, pues las cifras esconden rezagos profundos y no reflejan un cambio estructural en el modelo de desarrollo. (Educación Futura)
“La pobreza sí disminuyó y eso es innegable”, reconoce Mireya Pasillas, académica de la ENI y responsable editorial del documento. “Pero no podemos perder de vista que la reducción está muy vinculada a factores coyunturales como los incrementos al salario mínimo para trabajadores formales y las transferencias monetarias, más que a transformaciones de fondo que garanticen un bienestar sostenido”, declara la académica, quien considera que un modelo de programas sociales como el actual es insostenible a largo plazo si no se hacen reformas estructurales.
Pasillas subraya que la medición de pobreza multidimensional integra no sólo el ingreso, sino también seis carencias sociales: rezago educativo, acceso a servicios de salud, seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a una alimentación nutritiva y de calidad. “Es un enfoque pionero que México adoptó en 2008 y que, bien utilizado, permite ver con mayor claridad los rezagos”, apunta.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, al rendir su primer informe de gobierno, “la educación representó un papel secundario. Predominó el autoelogio por la institución del Bachillerato Nacional, proyecto que en el papel integra y armoniza cerca de 32 sistemas de educación media. Pero no los bachilleratos de la Universidad Nacional Autónoma de México, ni del Instituto Politécnico Nacional. Criticó los exámenes de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media, Comipems. Expresó “A diferencia de años anteriores, que las y los adolescentes se les hacía creer que había buenas y malas escuelas y que su calificación en un examen determinaba a cuál de ellas podían acceder, hoy saben que todas las escuelas de educación media superior públicas son buenas y que ellos pueden decidir a cuál a asistir a través o a partir del lugar donde viven” expone Carlos Ornelas.
Y Ornelas continúa enla “Educación en el informe presidencial”: Habló de las creaciones de la Cuatroté: “Fortalecimos las Universidades del Bienestar ‘Benito Juárez’, que atienden hoy a 85 mil estudiantes en 202 sedes. Y creamos la Universidad Nacional Rosario Castellanos, que este año atenderá a 77 mil jóvenes”. Habló del aumento de salarios a docentes y que, de manera gradual, se reducirá la edad de jubilación. También anunció cambios en la Carrera Magisterial. Pero no informó de dónde vendrán los recursos. La joya de la corona: “Este año lanzamos también la campaña ‘Vive saludable, vive feliz’ en las escuelas primarias y la Estrategia por la Paz y Contra las Adicciones”. Programas que ya arrojan ciertos resultados. En contraste con el optimismo presidencial, la investigación educativa documenta que la educación nacional atraviesa por miles de contrariedades, la más grave: la pérdida de aprendizajes de los alumnos. Tal vez la ejecución de la Nueva Escuela Mexicana y la austeridad republicana profundicen esos males.
Sobre el “Paquete Económico 2026 para educación: un primer acercamiento” Erick Juárez Pineda señala que: En materia educativa, se pueden observar una serie de apartados y montos deseables que se enmarcan como “Proyectos prioritarios” orientados, al menos en el documento, a fortalecer la infraestructura escolar, ampliar los programas de becas, consolidar la educación superior y técnica, así como impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación. El comparativo incluido en los Pre-Criterios de Política Económica 2026 muestra que el Gobierno federal plantea como deseable un incremento en los recursos destinados a educación, universidades y ciencia y tecnología respecto a lo aprobado en 2025. Sin embargo, se trata de un aumento apenas discreto, lo que refleja limitaciones en el margen de maniobra fiscal.
El planteamiento no significa que los montos estén garantizados, sino que refleja la intención de fortalecer estos sectores. Lo que tenemos es un escenario deseable para 2026 frente a lo aprobado en 2025. Y lo que se observa es una intención de aumentar la inversión en becas, fortalecer la infraestructura escolar, ampliar los servicios educativos y dar mayor peso a la ciencia y la tecnología. Sin embargo, esto es un aumento apenas discreto, que difícilmente transformará por sí solo las condiciones estructurales del sistema educativo.
David Foust Rodríguez, académico de la ENI, considera que la estrategia actual contra la pobreza está más enfocada en inyecciones de recursos que en fortalecer capacidades productivas y derechos laborales. Para él, un cambio estructural requeriría reformas profundas en seguridad social, en temas fiscales y una auténtica política industrial que diversifique la economía y genere empleos de calidad. “No hay, en el fondo, un cambio estructural, incluso de modelo (…). El gobierno anterior y este han criticado mucho el modelo neoliberal, pero estructuralmente estamos creciendo poco y seguimos con un modelo básicamente orientado hacia la exportación, pero además a una exportación centrada en la mano de obra barata. Es un estilo de combatir la pobreza que no está fincado en generar mayor capacidad en las personas y en los colectivos. Los cambios en lo laboral vienen desde arriba, pero la libertad de asociación y de negociación colectiva sigue pausada”, destaca. A la falta de capacidades productivas y mayores ingresos al erario federal se suma la fuerte caída de las remesas: en junio de 2025 ingresaron 5 mil 201 millones de dólares, 16.2 por ciento menos que un año antes, la mayor baja desde 2012.
La educación es una estrategia y política de estado para la disminución de la brecha de la desigualdad, los estudios y datos estadísticos indican que, a mayor nivel de escolaridad de la población, mayores probabilidades de mejorar sus oportunidades e ingresos lo que implica mejorar la calidad de vida.