Ladrona de libros
Se habla de su arquitectura, de su composición, de su historia, de cuántos volúmenes acoge y ve uno las fotos o videos y dan ganas de tener el enorme privilegio de pararse en medio de la sala y admirarlas hasta hartarse visualmente.
Leyendo en aquel sitio, con el café gratis, se me olvidaba el hambre, que solo tenía 10 pesos en la bolsa y que estaba sola en aquella gran ciudad de mis amores.
Así, comencé mi carrera de ladrona de libros, llevándome aquellos que tenían varias copias y señas inequívocas de que nadie los “pelaba”. Eran mis condiciones. Ladrona, pero con conciencia.
Con los años he venido iniciando clubes de lectura y me doy a la difícil tarea de acopiar libros para zonas rurales: sé cuánto puede significar un libro en las manos de un infante; el salvavidas que significa, la ventana que se abre, el cobijo que se encuentra.
Ya hace años que no soy ladrona de libros, claro, y he venido pagando mi delito con todos aquellos libros que he prestado y no me han sido devueltos. Al tiempo los vuelvo a comprar y, los que son de cabecera, los tengo repetidos, por si alguien se lo lleva.
Hasta ahora el único que he lamentado perder, porque al parecer está agotado y descontinuado, es Ciudad, de Michael Marshall, una emocionante y singular novela futurista. El karma bibliófilo tomó venganza.
Si también necesitas limpiar tu conciencia librera, únete a la campaña de donación para abrir clubes de lectura en comunidades rurales: Facebook PensamientolibreMX, pensamientolibremx@gmail.com
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