Tenía fragmentos del Moby Dick, de Cien años de soledad; coplas populares, poemas españoles del siglo pasado: “Herido vengo, mi madre, amores me han de matar, los ojos de don Martín, roban el alma al mirar…”
Otra labor lectora es realizada por el colectivo Pensamiento Libre, que lleva jornadas gratuitas a infancias y adolescencias de comunidades rurales. Por ejemplo, este domingo 24 estarán en la comunidad El Espinal, del municipio de Naolinco (Facebook Pensamiento Libre Mx)
Se gestan espacios autogestivos, gratuitos y libres a favor de la lectura, usted mismo puede convertirse en un facilitador. ¿Le gustaría intentarlo?
Y recuerden, una página al día hace la diferencia. ¡Felices lecturas!
La presidenta Claudia Sheinbaum presentará este lunes 2 de marzo ante la Cámara de Diputados la iniciativa de reforma electoral que contempla reducir en 25% el costo de las elecciones
La GACX presentará dos nuevas muestras y una agenda que integra artes visuales, música, literatura, danza y formación artística sin costo para el público
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1. Día del lector. “Luceros del norte, luceros del sur; sobre el mar el cielo, y sobre el cielo tú”, así va el poema “Ultramarina”, de Rafael Heliodoro Valle, el cual venía dentro de mi libro de Lecturas de la primaria. Aquel libro de texto gratuito de principios de los noventa era de un papel como acartonado, tosco, beige; las ilustraciones eran a colores aunque opacas por el papel.
Este domingo 24 de agosto se celebra el Día del Lector, fecha elegida en honor al escritor argentino Jorge Luis Borges, quien declaró que estaba más orgulloso de los libros que había leído que de los que había escrito. Y es que la lectura posee un importante elemento: es un acto íntimo, solitario y comunitario a la vez. En la lectura no hablan las palabras, habla un corazón a otro corazón, un anhelo a otro anhelo, un temor a otro temor, una rabia a otra rabia. Hay una conexión que se expande y resuena en el lector. El texto solo cobra valor cuando es leído, cuando es percibido, cuando es sentido, cuando es apropiado.
Cuando el acto de la lectura se da en voz alta con otras personas, se comparte ese otro modo de ver la vida, de imaginarla, de contarla, de sentirla, de transformarla, de superarla. Leer nos une, nos agranda, nos abraza, nos acompaña, nos confronta, nos da sentido. ¿Cuál fue el último libro que le estremeció, o que le hizo reír, o que le obligó a pensar?
2. Derechos del lector. De acuerdo con el INEGI, en 2024 más de 29 millones de mexicanos eran lectores, ya sea de libros, revistas, periódicos, historietas, páginas de internet o blogs. Los lectores han venido a la baja en un 14.6 por ciento en 9 años. El organismo registra que en 2015 los lectores correspondían al 84.2% de la población alfabeta, y para el año pasado era de 69.6%. ¿Qué pasó?: cerraron periódicos, se disparó el consumo de redes sociales, se encareció el precio de libros y revistas, ha fallado la política pública que garantice el derecho a la lectura… las respuestas son múltiples y representan diversos frentes que atender.
Lo que es cierto es que en un país donde el salario mínimo diario es en promedio de 278 pesos, adquirir un libro que ronda los 350 pesos, es difícil cuando no impensable. Así, urge garantizar el derecho de las personas a tener a su disposición libros, revistas, periódicos, historietas, cómics. ¿Qué hace falta para que la industria editorial deje de tener altos costos al consumidor?, ¿qué hace falta para que las bibliotecas y salas de lectura dejen de ser habitantes mudos y solitarios de las ciudades y sean abordadas por la población?, ¿qué hace falta para que en las comunidades rurales haya, al menos, salas de lectura?, ¿qué hace falta para percibir la lectura como un derecho e incluso una necesidad?, ¿qué hace falta para tener tiempo libre para sumergirse en la experiencia lectora?, ¿qué hace falta para desmitificar el acto lector, sacudirle el clasismo y el productivismo?
3.No soy Sasha Sokol. Una amiga me manda un mensaje a media tarde, está enojada con uno de los personajes de mi novela, El océano en mi oreja, “¿es real?, ¿acaso es…?”, me interroga. Sí, le digo. Y aquello da pie a que me comparta sus temores: “me di cuenta de cosas que me han pasado a mí”, me dice. Al día siguiente, con otra amiga, tomo un café, está ávida por decirme, más que su opinión de la novela, su historia, esa piedrita que ha tenido largo tiempo atorada en algún rinconcito de la mente o del corazón lastimándole sigilosamente, “me hizo pensar cómo a todas nos ha pasado algo así”, reflexiona.
Estoy convencida de que el libro solo existe porque se desea compartir. No se escribe para uno, se escribe para los demás, para ese otro que le da sentido y valida. En El océano en mi oreja se comparten historias de mujeres, vemos sus miedos, sus luchas, las violencias que enfrentan, el camino por nombrarse y resignificarse a partir de eso que ya no puede ser borrado de la memoria y que incluso nos conforma.
Con mi terapeuta reflexiono sobre las capas de la violencia, sus dobleces, los claroscuros, los espejismos detrás de los que se enconde, la forma en que te marca y cómo después, cuando al fin la nombras y hablas, sigues hablando y hablando, porque parece que siempre hay algo más que decir. Y le digo entonces que me he alegrado por Sasha Sokol: al condenar a Luis de Llano, la Suprema Corte de Justicia de la Nación crea un importante precedente: el abuso infantil no prescribe. La víctima puede denunciar cuando esté lista. Y es que, aunque muchas personas lo trivializan, hay un proceso muy largo y doloroso en poder alzar la voz para denunciar el abuso sexual. Pensé el largo camino que debió haber cruzado Sokol para llegar al punto de poder denunciar, cuánto dolor, cuánto desamparo, cuánta rabia, cuánta incomprensión, cuánto escarnio público, cuánto hartazgo, cuánta libertad. Pero no todas somos Sasha Sokol, aunque al menos, ahora se sabe, hay una ventana abierta.
4.- Se regalan lecturas. En Zongolica, un municipio de las Altas Montañas de Veracruz, un colectivo maneja desde hace un par de años la Sala de lectura Ce Yolo Kalli, un nombre náhuatl que significa “casa corazón”; y en esta casa corazón se regalan lecturas a infantes, adolescentes, madres, adultos mayores. Ahora, todos los martes estarán en el parque central desde las 10 de la mañana. (Facebook: Sala Ce Yolo Kalli)
También en la sierra, pero en Maltrata, el colectivo Entre cumbres y costumbres lleva 10 años promoviendo la lectura con su sala Diario garabato, en un esfuerzo por brindar a la población, sobre todo a las infancias, un sitio seguro para leer e imaginar. (Facebook: Entre Cumbres y Costumbres)
Como agradecimiento a quienes me han acompañado como lectores puntuales de esta columna, va un regalo: a las primeras cinco personas que envíen un correo electrónico a csanchez@diariodexalapa.com.mx comentando el tema de hoy, se les obsequiará un ejemplar con dedicatoria de mi novela El océano en mi oreja.