Las dos caras de la moneda
El gran riesgo es que si el pragmatismo lo domina puede diluir sus ideales en la búsqueda de resultados inmediatos.
Diplomacia, entiende que, incluso, los adversarios pueden ser aliados circunstanciales. Humildad, reconoce que los sistemas se transforman desde dentro, no solo con discursos.
El riesgo en el que se puede caer es que, si el idealismo se desdibuja, puede caer en un utilitarismo frío, donde el fin justifica cualquier medio.
Individualmente, existe un diálogo entre ambas visiones. Su frontera es difusa, pero su diferencia clave es el punto de partida. El idealista pragmático empieza con el “debe ser” y luego busca cómo alcanzarlo.
El pragmático idealista empieza con el “qué hay” y luego pregunta: ¿Cómo mejorarlo sin perder el rumbo?
Ambos, sin embargo, comparten una convicción, los ideales sin acción son ingenuos, la acción sin ideales es vacía.
Juntos, representan la síntesis que propuso Antonio Gramsci “Pesimismo de la razón, optimismo de la voluntad”.
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