México se transforman con paso firme
Hay días para todo. Una de las muchas satisfacciones del periodismo es encontrar lectoras y lectores.
Que alguien acuda a la cita con un texto hecho la víspera, que el encuentro, por diversas razones, se vuelva habitual, es tan azaroso como mandar una botella al mar con un mensaje adentro.
No es falsa modestia, es que toca al otro decidirse a leer. Siempre tengo presente eso de: “vale la pena leer tal cosa, o tal columnista”; obligado recordatorio de que leer implica esfuerzo, al que como periodista no has de agregar el fardo de una pobre redacción o innecesaria extensión.
En ocasiones, la fortuna de tener lectoras y lectores va más allá y se materializa en diálogos cara a cara. No creo que la gente sepa lo agradable que es cuando se acercan y saludan porque, declaran, te leen.
Decía Monsiváis que Manuel Buendía confiaba en la “dimensión civil” de cada uno de sus artículos.
En otro contexto, José Ortega y Gasset señala que la única verdadera política es lo que mejora a todos. Por eso, los que creen que la educación es un ramo del presupuesto y no un factor de evolución nacional están muy confundidos. Preguntémosle a Japón.
Los que suponen que la seguridad pública es un sistema de policía y no un sistema de cultura, están muy perdidos. Preguntémosle a Dinamarca. Y los que afirman que la pobreza se debe al mal reparto del dinero y no al mal reparto del poder, están muy jodidos. Preguntémosle a Afganistán.
Lo peor para una sociedad es perder el destino y no tan sólo el camino. ¿O esto ya también nos sucedió? Cuando cambia la costa, hay que cambiar el mapa. Cuando cambia el viento, hay que cambiar el vuelo. Cuando cambia el destino, hay que cambiar el camino. Pero siempre utilizando la brújula y no apostando a la adivinanza.
En la política, al final de cuentas, todos tenemos la razón. La diferencia es que algunos la tuvimos a tiempo y otros la tuvieron cuando ya no había remedio.
Es toda una tradición considerar a los personajes del mundo político como los protagonistas de las críticas, el análisis y, por supuesto, de esa agenda mirada que nos regala el humor y la ironía, dos de los motores que nos permiten hacer más llevadera la realidad. Desde el amanecer de la escritura como una expresión cultural de las más sofisticadas.
*Las opiniones vertidas en este artículo son responsabilidad de quien las emite y no de esta casa editorial. Aquí se respeta la libertad de expresión.















