Economistas y representantes empresariales advierten que el aumento de obligaciones patronales sin incentivos fiscales ni políticas de impulso económico dificulta la formalización del empleo
Para disfrutar este segundo sin de semana de marzo, la capital de Veracruz te aguarda com eventos para conmemorar el Día Internacional de la Mujer y más actividades gratuitas
El Gobierno Estatal detalló que en el lugar se encuentran fuerzas federales, estatales y locales, encabezadas por personal contraincendios de Petróleos Mexicanos (PEMEX)
La organización NMDP impulsa campañas informativas en ciudades como Xalapa para que más personas de entre 18 y 35 años se sumen y aumenten las posibilidades de encontrar compatibilidades que pueden significar una oportunidad de vida
Tras más de dos décadas en la calle Allende, el establecimiento inicia una nueva etapa con su cambio de sede al centro de la ciudad, mientras mantiene su misión de asesorar y proveer materiales para la comunidad creativa
Lo que comenzó con cargadores que transportaban mercancía a hombros en el Mercado Jáuregui se transformó, seis décadas después, en una empresa familiar de fletes y mudanzas que opera dentro y fuera de Veracruz
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Primero, el salario. A partir de enero, el salario mínimo subirá alrededor de 13% en la mayor parte del país y 5% en la frontera norte. No es un aumento simbólico: forma parte de un plan para que el salario alcance, al menos, para dos y media canastas básicas. En la frontera norte esa meta ya se superó, y en el resto del país se avanza firme. Lo más importante es que, con los incrementos de estos años, el salario mínimo ha recuperado buena parte de lo que le arrebataron durante el periodo neoliberal. Durante décadas nos dijeron que si subía el salario se caería la economía; lo que se cayó fue la vida de millones de familias, mientras unos cuantos se llenaban los bolsillos. Hoy pasa lo contrario: el salario crece por encima de la inflación, y eso se traduce en algo muy concreto: más frijol, más huevo, más tortilla, más medicamentos y útiles escolares en los hogares.
El segundo anuncio es igual de profundo: la jornada laboral se reducirá de 48 a 40 horas semanales, de manera gradual a lo largo del sexenio, sin bajar sueldos ni prestaciones. Esta decisión no salió de la nada: se hicieron decenas de mesas de diálogo en todo el país, con trabajadoras, trabajadores, sindicatos, empresarios y especialistas. La presidenta fue clara: una transformación verdadera se construye con escucha y consenso, no por capricho. ¿Para qué sirve bajar la jornada? Para algo simple y poderoso: devolver tiempo de vida. Menos horas de trabajo significan menos cansancio, menos accidentes, más salud, más tiempo para la familia, para el descanso, el estudio y la organización comunitaria. El tiempo no se repone; lo que se regala al patrón nunca vuelve. Esta reforma reconoce que las personas no son máquinas, sino seres con cuerpo, mente, alma, espíritu y corazón.
Estas medidas son parte de la Grandeza de los principios de la Cuarta Transformación. La 4T no solo busca mejorar los ingresos, también defiende la Soberanía Nacional. Un país donde la mayoría gana salarios de miseria es un país débil, fácil de presionar desde fuera y desde dentro. En cambio, un país donde el pueblo tiene salario digno y tiempo para vivir es un país que se sostiene en sus propias piernas. La 4T ha demostrado que se puede gobernar distinto: primero el pueblo, primero el trabajo, primero la dignidad. El llamado “segundo piso” de la transformación es justamente esto: consolidar derechos laborales, pensiones, salarios justos, jornadas humanas, salud y bienestar.
Como senador, estas decisiones me confirman una convicción profunda que he venido compartiendo: el ánimo es la llama del pueblo. Esa llama es la fuerza interior que sostiene este proyecto, la que no se apaga a pesar de las crisis, la que alimenta los principios de la Cuarta Transformación. Es la llama de quienes se levantan temprano a trabajar, de las mujeres que sostienen el hogar y el comercio, de las y los jóvenes que estudian y trabajan al mismo tiempo, de todas y todos los que durante años lucharon por un salario justo y una jornada digna.
Hoy, con este aumento al salario mínimo y con la ruta hacia la jornada de 40 horas, esa llama se ve reconocida en la ley. No es solo un anuncio: es una respuesta a décadas de lucha y también un compromiso para vigilar que se cumpla, que ninguna empresa quiera burlar la reforma, que nadie use trampas para seguir explotando al pueblo.
La Cuarta Transformación no es una consigna: es una forma distinta de entender el poder, no como privilegio sino como herramienta para que la gente viva mejor. Con más ingreso y más tiempo, el pueblo no solo sobrevive: vive con dignidad. Y mientras esa llama del pueblo siga encendida, desde el Senado seguiré defendiendo estas causas, para que la transformación se sienta en el salario, en el reloj de trabajo y en la vida diaria de cada hogar mexicano.