Tengo dos hijas y por supuesto que cada día tanto su Mami como yo padecemos la angustia de que vuelvan sanas y salvas a casa, aunque he de decir que no han estado exentas de la situación de la megaurbe y han sido víctimas de robos y asaltos callejeros.
Mientras el movimiento de la historia, de los países, de las sociedades, del pensamiento, no se detengan, habrá ese extraordinario baluarte que son nuestras universidades, indeclinables faros de luz para la Humanidad entera.
Durante esta temporada, especies como la amapa amarilla, el maculís y el sospó florecen en Tuxtla Gutiérrez y sus alrededores, transformando el paisaje urbano y natural con sus colores
Bryce Echenique formó parte de una triada de grandes escritores peruanos considerados entre los narradores más destacados de la segunda mitad del siglo XX en Hispanoamérica
El cambio de estación trae floración, más horas de luz y nuevas celebraciones culturales, elementos que en distintas sociedades se interpretan como símbolo de renacimiento y nuevos comienzos
Esta tarde cientos de estudiantes de la UNAM se manifestaron en las inmediaciones de la rectoría en Ciudad Universitaria para protestar contra la incursión de grupos porriles en una manifestación ayer\nFOTO: Miguel Dimayuga
Estudiante de Biología en la UNAM, mi hija Fedra me consulta que cómo veo que vaya con sus amigos a la manifestación multitudinaria que los estudiantes Pumas preparan ese día contra la violencia que se desató un día anterior en las inmediaciones de Rectoría para protestar también -es el origen de la inconformidad, la inseguridad en los campus- por la violencia , y casi homicidio de dos estudiantes de la FES Azcapotzalco, cuando protestaban por el estado de inseguridad que priva en nuestra máxima Casa de Estudios.
Por supuesto que la Universidad es un reflejo de la sociedad, y esta sociedad con más de medio millón de muertos y desaparecidos durante la mal llamada guerra contra el narco, padece a diario el embate imparable de la delincuencia, envuelta en una total impunidad. Los feminicidios, por ejemplo, son cada vez más frecuentes y alarmantes. Según cifras que escuché esta mañana por la radio nacional, 10 mujeres son asesinadas diariamente en el país por asuntos relacionados con género. Ufff. Recontrauffff.
Por lo tanto cuando me lo preguntó, le dije que con los cuidados del caso, debía asistir y ejercer sus derechos ciudadanos y universitarios a la protesta, a la propuesta de un cambio para mejorar su condición de universitaria, de mujer, tanto como la de su compañeros, y las condiciones de esta sociedad y del país mismo.
Recuerdo que cuando fui estudiante de la UNAM, tanto en la Prepa como en la Facultad, era llamado de cada día a las asambleas y reuniones para discutir cuanto fuese necesario. Los planes de estudios, el no al aumento de las cuotas, el embate del neoliberalismo en la educación con el afán de privatizarla y también de eliminar el pensamiento crítico universitario a cambio de un falso espejismo desarrollista que intentaba vendernos la idea de que la economía global requería mano de obra calificada pero barata. Contra todo eso luchamos primero desde la Prepa y luego en las jornadas históricas del Consejo Estudiantil Universitario (CEU) en la época del Salinismo y del Rector Jorge Carpizo. Gran jurista, prestigiado y respetado académico e investigador, pero que -signo de los tiempos- no pudo sustraerse a la avalancha del capitalismo despiadado y del régimen autoritario.
Tres décadas después, de empobrecimiento de la sociedad y de nuestras universidades, el tiempo, la historia, nos dieron la razón. Y quizá el péndulo de la historia comienza a moverse en dirección contraria a los grandes intereses mundiales de explotación -inclusive de la Naturaleza y la depredación contra ella, no sólo de los recursos humanos- que se tradujo en cada vez menos ricos, pero mucho más ricos, y cada vez más pobres, pero sumamente pobres. Halaron demasiado la chamarra y descobijaron a la mayoría. He de ahí que ahora viene una probable reivindicación de las mayorías.
A la postre de la multitudinaria manifestación a la que asistió, mi hija me contaba en la conversación nocturna que sostuvimos que se encontraba un tanto desilusionada porque habiendo reunido una fuerza tan numerosa, sorprendente -no había estado ella antes en algo similar-, no se había asistido con un pliego petitorio, con demandas específicas qué resolver. Tenía la sensación de que se había desaprovechado una gran ocasión para apropiarse de un triunfo estudiantil.
No es así, le dije. Y me puse a explicarle el proceso de una lucha de esa naturaleza, de acuerdo con lo que a mí me tocó vivir en su momento en el ámbito de las protestas y huelgas universitarias en los pasillos de nuestra facultad o a lo largo de todo el campus universitario, haciendo asambleas, formulando pliegos petitorios, discutiendo con las autoridades universitarias hasta llevarlas -arrinconarlas podría decirse- a la realización de un Congreso resolutivo que ponía en entredicho las anquilosadas estructuras de poder de la Universidad de entonces– cómo me daba risa aquello de la “Junta de Notables”, que nada más vivían del presupuesto universitario y se esmeraban por mantener el status quo de entonces, de corte priista por supuesto-.
Mira hija, lo importante ahora es que ya despertaron tú y tus compañeros universitarios. Todos. El país mismo ya lo hizo y las cosas habrán de cambiar. El movimiento engendra cambios, transformaciones, nuevas condiciones, eso es provechoso. Eso está ocurriendo con la UNAM. Por supuesto que habrá de recorrerse aún un largo camino que tocará puntos tales como las asambleas estudiantiles y discusiones en cada una de las escuelas y facultades para ir aclarando el panorama, desmenuzarlo; habrá que reunir a los representantes de esas asambleas en sesiones cuasi parlamentarias en que se dé forma a las solicitudes y planteamientos, al ideario de la nueva universidad. Lo que comenzó como una manera de protestar contra la inseguridad intramuros, contra los burócratas responsables de la seguridad y de la vigilancia, coptados por el narcomenudeo y la delincuencia organizada, irá convirtiéndose -ya lo verás- en una discusión más profunda de los órganos de gobierno de la institución, con un análisis y replanteamiento de los planes de estudio, con mayor transparencia en el presupuesto universitario y de la información que se posee, con una mejor distribución de los presupuestos, con mejores condiciones de estudio, de investigación, mayor y más razonada adquisición del acervo bibliográfico, tanto como más frecuentes y de mejor calidad actividades de extensión universitaria.
Aunque se trate de un sueño mío desde mis épocas estudiantiles, también lo sumé a la lista de cosas que comenté a mi hija: es posible que algo que se le negó en todo momento a las universidades del país, pudiera ocurrir, el volcarse en una vinculación estrecha con la sociedad, en el desterrar las estafas maestras y sí en cambio hacer copartícipes y corresponsables a los académicos, investigadores, estudiantes de nuestras universidades de lo que ocurre en la sociedad mexicana, y a ésta de lo que ocurre en el interior de nuestras universidades. Todo ello en un proceso de acompañamiento y de trabajo organizado de grupo cuyos resultados podrán verse en este México nuestro tan lastimado por la corrupción, la violencia, la impunidad.
Esa fue la antigua aspiración quizá latente aún en la mayoría de los universitarios que generación tras generación tuvimos oportunidad de inflamar nuestro espíritu y nuestro intelecto con lo que la UNAM nos brindó y por lo cual nos sentimos comprometidos con ella; nada de lo que ahí ocurre nos es ajeno. Y por eso ahora que hemos sido relevados por nuestros hijos en esa responsabilidad y en ese privilegio de estudiar ahí, nos sublima la idea de que algo hicimos y seguiremos haciendo por ella; y que la semilla que ahí sembraron nuestros maestros, los libros, va siendo esparcida a nuestro paso por todas partes y probablemente va germinando en la sociedad sin detenerse.
La Universidad por antonomasia de este país, la UNAM, es por supuesto un reflejo de la sociedad, vitalizada, cambiante, que también padece las dolencias y flaquezas de aquella, pero que de inmediato plantea las soluciones y como un dinamo, propone las soluciones e impulsa las necesarias transformaciones.
Por eso cuando vi las imágenes de los padres de esos muchachos universitarios volcados a la protesta en las inmediaciones de ciudad Universitaria, cuidándolos, no tuve sino una sensación de estarme perdiendo la oportunidad de marchar al lado de mis hijas en esta etapa suya tan significativa, acompañándolas en esos momentos, pero también regresó a mi memoria aquellas jornadas interminables en que siendo estudiantes considerábamos ser protagonistas de grandes cambios y responsables de un mejor futuro para nuestro país y para nuestra gente.