Castillo Peraza: vigencia frente al poder
Hace unos días se recordó el nacimiento de Carlos Castillo Peraza. Vale la pena volver a él, no para cumplir con la fecha ni para repetir homenajes, sino porque fue uno de esos pocos políticos que no sólo entendieron su tiempo sino que pensaron el país con profundidad. Y en el momento que vive México, sus ideas siguen diciendo.
Otra de sus lecciones es central: la democracia no es simple aritmética electoral. Ganar no da permiso para arrasar. Una mayoría no puede convertirse en patente para someter contrapesos, presionar instituciones o rediseñar el país desde la lógica del poder en turno. Cuando eso ocurre, lo que se erosiona es la república.
Pero su legado también obliga al PAN. Castillo Peraza no pensó un partido para administrar inercias. Pensó un partido con conciencia, doctrina y responsabilidad de Estado. Por eso volver a él no debe servir para la nostalgia, sino para recuperar claridad, convicción y rumbo.
Castillo Peraza sigue importando porque habló de dignidad, de instituciones, de democracia en serio y de una política que no se rinde ante el poder.















