El término de gentrificación se utiliza para referirse al proceso del aumento del valor de la propiedad, principalmente la vivienda, mediante la inversión privada y transformación del espacio, que tiene como consecuencia el aumento de rentas y precios de la tierra desplazando a residentes de menor ingreso. El ciclo inicia con mejoras “selectivas” como cafés de especialidad, galerías, coworkings que reconfiguran la identidad del barrio; cuando la demanda residencial crece, desarrolladores consolidan edificios de mayor densidad y las autoridades, seducidas por la plusvalía, flexibilizan normas de uso de suelo. El resultado es una distribución desigual de beneficios: propietarios y nuevos negocios capturan la riqueza generada, mientras habitantes originales enfrentan expulsión directa (desalojos) o indirecta (encarecimiento de la vida).
En la Ciudad de México el fenómeno se intensificó tras la pandemia con la llegada de trabajadores de home office y el boom de Airbnb. Entre 2020 y 2025 la renta mensual pasó de 12 mil a 17 mil 600 pesos, un 45.7% de aumento. En colonias como Roma-Condesa y Juárez el salto llega a 56 % en solo cinco años. Una reforma reciente en la CDMX trato de reducir y dificultar el beneficio, pero hoy se encuentra en litigio. Mientras tanto, las protestas del 4 de julio pasado evidenciaron el choque entre el derecho a la ciudad y las estrategias comerciales de las inmobiliarias.
Chihuahua, reúne condiciones para una gentrificación inicial. El mercado de renta muestra incrementos sostenidos. Actualmente las rentas están a un precio medio de 235 MXN / m² en junio de 2025 y una renta de 20 mil pesos por un departamento. Se ha tenido un alza anual de 8 % en renta de casas habitación. Los focos rojos se concentran en tres zonas: Centro Histórico: Revitalización del comercio en el centro ha disparado las rentas están presionando a los negocios locales como cafés de barrio, cafeterías, etc). Corredor Poniente–Distrito Uno: complejos de lujo con rentas de 23 mil a 26 mil /mes capturan demanda de ejecutivos y emprendedores. Reliz, Cantera: fraccionamientos de alta plusvalía ocupan zonas de recarga hídrica; al impermeabilizar cerros, desplazan el riesgo de inundación hacia colonias populares en la parte baja, fenómeno ya denominado “gentrificación hídrica”
Se alerta la sustitución del comercio local por servicios premium y sobre la pérdida de arraigo comunitario. Aunque el ritmo de encarecimiento es menor que en CDMX, el combo de inversión industrial, baja disponibilidad de vivienda céntrica y políticas de densificación sin reservas de interés social puede reproducir, en menor escala, el patrón capitalino.
La experiencia de la Ciudad de México muestra que, si la regulación llega tarde, la gentrificación avanza hasta convertir la crisis de vivienda en un problema estructural. Chihuahua aún está a tiempo de actuar: zonas de inclusión residencial, captación de plusvalías para vivienda a precios accesibles y límites claros al alquiler temporal pueden equilibrar crecimiento económico con derecho al suelo. De lo contrario, el dinamismo económico de la ciudad puede propiciar que los hogares de ingreso medio-bajo se tengan que mover de los barrios que construyeron su identidad.