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Análisislunes, 30 de marzo de 2026

Hablar bonito no es gobernar

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En México hemos cometido un error que sale carísimo: confundir labia con liderazgo. Durante años se ha premiado al que domina el micrófono, al que se mueve bien en la grilla, al que sabe vender esperanza con palabras… aunque no sepa construir absolutamente nada en la realidad.

Por eso incomoda tanto abrir una conversación seria sobre la participación de perfiles empresariales en el gobierno.

Claro que no cualquier empresario debe gobernar. Igual que no cualquier político debería acercarse al poder. El punto no es el origen. El punto es el perfil, la capacidad y el carácter.

México necesita menos ideología de café y más liderazgo con experiencia real. Menos discurso reciclado y más gente que entienda cómo se genera inversión, empleo, competitividad y oportunidades. Menos expertos en victimizarse y más perfiles capaces de construir acuerdos, formar equipos y entregar resultados.

Porque el verdadero riesgo no es que lleguen ciudadanos productivos al servicio público. El verdadero riesgo es seguir dejando lo público en manos de quienes jamás han construido nada, pero llevan años destruyendo oportunidades y administrando el fracaso como si fuera mérito.

Ya estuvo bien de premiar al que habla bonito.

Es hora de exigir a quien sepa construir.

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