El doctor José Carlos Hernández, especialista en Investigación Criminal y Delincuencia Organizada refirió que debe existir una postura única y uniforme
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Se llegaba el final del siglo XIX, la apertura hecha por el primer obispo de Chihuahua don José de Jesús Ortiz y Rodríguez y a solicitud de él mismo, los miembros de la orden de los jesuitas retornarían a este terruño en 1900 y cuatro años más tarde, el 30 de julio de 1904, gracias a la benevolencia del segundo obispo de Chihuahua, Nicolás Pérez Gavilán y Echeverría, se acomodarían temporalmente en la iglesia del Santuario de Guadalupe con su primer rector el padre Antonio Repiso.
En el caluroso verano del 3 de julio de 1903, entre los muchos pendientes que tenía en su mente el obispo Pérez Gavilán, era la posibilidad de construir un templo que pretendía sería dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Con o sin dinero, la idea estaba plasmada en la máxima autoridad eclesiástica pero fuera de todo esto, el trabajo de los jesuitas, se fue extendiendo más allá del Santuario de Guadalupe cuando el sacerdote Pedro Delgado, tuvo la sensibilidad de ampliar su trabajo pastoral a uno de los barrios más antiguos de la ciudad, este era el Pacífico, donde fincaría una importante labor evangélica con la feligresía del lugar allá en 1907, donde catequizaba, evangelizaba, administraba los sacramentos, celebraba misa y donde la gente acudía a escuchar con emoción sus fervorosos sermones; el mismo sacerdote, automáticamente había comenzado un primitivo proyecto para la edificación de un templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús en 1909. Junto a un grupo de entusiastas señoras que vivían en ese mismo sector, empezarían a trabajar con el padre Delgado en el arreglo de una pequeña capilla católica y con el entusiasmo de las distinguidas damas, irán a visitar al obispo don Nicolás para exponerle la intención y solicitarle su autorización para la edificación de un pequeño templo.
Momentos en que se está colocando “piedra sobre piedra” en la edificación del Sagrado Corazón de Jesús en 1926 (Fototeca-INAH-Chihuahua).
La respuesta no se hizo esperar, ya que con una sonrisa y con el entusiasmo que le caracterizaba a la más alta autoridad de la Iglesia Católica en Chihuahua, la respuesta fue afirmativa. Esta capilla estaría ubicada en un terreno propiedad del entonces gobernador de Chihuahua, don Enrique C. Creel, quien con su generosidad, lo donaría a la causa, el cual, estaba situado en la esquina de las calles 26 y Penitenciaría (hoy 20 de Noviembre), al cual, se le harían algunas adaptaciones indispensables para terminar un pequeño templo que sería bendecido a las seis de la tarde del 25 de abril de 1909; ahí, hubo una solemne bendición e imposición de la primera piedra del templo en esta ciudad, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, presidido por el Ilmo. Sr. obispo de la Diócesis, Dr. don Nicolás Pérez Gavilán; además de reconocer que en este proyecto, destacaría el mismo padre Pedro Delgado y las señoras Ramona N. de Durán, doña Dolores A. de Anchondo y doña Juliana M. de Piña. Al transcurrir el tiempo, el número de fieles que acudían a la capilla aumentaba de manera importante, debido al crecimiento poblacional que experimentaba la zona, lo que dio como resultado que pronto el pequeño templo resultara insuficiente, por lo que los sacerdotes Gabriel Morfín, Benjamín Silva, y Samuel Gilmori que se encargaban de administrar el Santuario de Guadalupe, al ver la creciente devoción y buena voluntad de la gente del barrio del Pacífico y más allá como el del Santa Rosa, Centro, San Nicolás (hoy La Obrera), acudían constantemente para auxiliar al padre Delgado. Lo anterior, generó la idea del proyecto de construir un templo más grande para darle respuesta a las exigencias religiosas de los fieles.
Pasarían algunos años hasta llegar a la primavera de 1919, cuando el padre José María Maya, superior de los religiosos jesuitas en Chihuahua, convocaría a los vecinos de todo el sector a fin de formar una junta directiva que se encargara de coordinar las acciones de construcción de un nuevo y más grande templo para el 12 de noviembre de ese mismo año, comité que sería presidido por don José Velina, obteniendo además el permiso de la Secretaría de Gobernación, adquiriendo finalmente un nuevo terreno en la esquina formada por las avenidas 20 de Noviembre y Ocampo con un valor de $2,345 pesos. Al día siguiente por la mañana, el presbítero José Chávez, decano del clero chihuahuense, celebraría la primera misa y entregaría el local a los religiosos jesuitas para que se encargaran de su administración.
Se formularía el proyecto respectivo que el padre María Maya sometería a la aprobación del provincial de la Compañía de Jesús radicado en la Ciudad de México. El superior rehusó, expresando su deseo que se construyera un templo formal en lugar de la capilla que se intentaba hacer. Para tal efecto, se reorganizaría la junta directiva con la dirección de la señora María Luján de Terrazas y otras damas chihuahuenses como doña María Luján de Terrazas, vicepresidenta; Antonia López de Ortiz, tesorera; Eva Márquez y profesora Ester Urueta, secretaria; María Anchando, pro-secretaría; vocales, Elena Muñoz, Rosa Terrazas de Muñoz, Carmen Elías de Gutiérrez y María Prieto de Falomir. Además, participaron Elena Fernández, Margarita Prieto, María Luisa Sisniega, Guadalupe Guízar y Valencia y Ana Olivares que, conseguirían la donación de otro terreno más grande gracias a la bondad de la señora Rosa Terrazas de Muñoz el 21 de junio de 1921, con las siguientes dimensiones: 49 y medio metros de largo por 18 y medio de ancho.
Finalmente el 31 de agosto de 1921 el tercer obispo de Chihuahua, don Antonio Guízar y Valencia colocaría y bendeciría la primera piedra con la celebración de la primera misa en el lugar. Las palabras de Guízar y Valencia fueron las siguientes: “Amados hermanos en Cristo, hoy es un día especial, ya que esta congregación del barrio del Pacífico, recibe la bendición y autorización de su obispo para la construcción de un nuevo templo, grande y amplio, para que todos ustedes vengan con el corazón abierto y el alma entregada al Sagrado Corazón. Espero, sigamos trabajando en beneficio del evangelio y por esta construcción que auguro será un hermoso lugar de fe”. Así, concluía don Antonio Guízar y Valencia, por otro lado, quien celebraría la segunda misa sería en la historia del Sagrado Corazón de Jesús, el padre José María Maya.
Invitación del Comité de Obra del Sagrado Corazón para la bendición solemne el 31 de agosto de 1921.
El proyecto iba viento en popa y para este, se buscaría a los ingenieros José R. Argüelles y F. Tribouyet para que, se encargaran de la obra que sería dirigida por don Enrique Esperón, aunque por problemas de salud, no pudo continuar hasta que llegó su muerte. Sin embargo, fue retomado el proyecto por Manuel O’ Reilly y Carlos Ochoa Arróniz, además de la contratación del maestro canterero, don Romualdo González; el costo inicial sería de 150 mil pesos que incluía, la colocación de la primera piedra que se llevaría a cabo el 31 de agosto de 1921 a las 6:00 de la mañana. “Hay tiempo de fabricar y tiempo de destruir” dice el libro de Eclesiástico y llegaría el tiempo de destruir, porque la persecución religiosa que se había desatado en 1926, lo que interrumpiría el proyecto por varios años debido a las dificultades entre el gobierno federal y el Episcopado mexicano, suspendiéndose los cultos desde el 31 de julio de ese año, hasta 1929. Sin embargo, se reanudarían los trabajos en 1929, cuando la situación comenzó a normalizarse.
El padre José Mier y Terán que había asumido la rectoría de la misión de la Compañía de Jesús, mandaría acondicionar una parte del edificio en construcción a fin de iniciar los servicios religiosos que habían estado estrictamente prohibidos. Se aprovechó una parte de los muros exteriores, se levantaron paredes auxiliares de adobe y se techó con lámina, improvisando una elemental capilla en agosto de 1930. Un año después, para el 31 de agosto de 1931, el señor obispo Guízar Valencia, otorgaría la bendición al improvisado local, acto continuo, se celebraría una misa y a partir de ese momento, se efectuarían los servicios religiosos sin interrupción. Pero vendría una desgracia después de un gran esfuerzo hecho por los sacerdotes y la comunidad del Pacífico, ya que, la capilla primitiva que estaba situada en la esquina de las calles Veintiséis y 20 de Noviembre, sufriría un fuerte incendio accidentalmente que, la destruyó por completo el 16 de septiembre de 1934.
Los trabajos de construcción de la iglesia se reiniciarían al final de la guerra Cristera y se alargarían por treinta años más. A partir del 31 de agosto de 1931, se consolidaría la residencia jesuita en Chihuahua al ser devuelto al Santuario de Guadalupe, la jurisdicción diocesana. Finalmente, después de que se reiniciara de nueva cuenta la construcción del Sagrado Corazón, había que hacer el esfuerzo para darle fin a la obra, en este caso, según lo expuesto por el ingeniero Juan Ortiz, la iglesia abarcaría una superficie de 1,530m2; un peso aproximado de, más de 28 mil toneladas métricas; su estilo predominantemente sería el orden románico más puro; en comparación a Catedral, fue de 0.70 más largo y 0.90 más angosto y su costo sobrepasó los 450 mil pesos. El actual Sagrado Corazón de Jesús, concluyó su edificación en la década de los cuarenta del pasado siglo XX.