La marcha convocada recientemente bajo el nombre de “Generación Z” nos dejó una lección profunda sobre el momento político que vivimos. Lo que pudo haber sido una manifestación legítima de jóvenes preocupados por el país terminó secuestrado por intereses ajenos, manipulaciones evidentes y actos de violencia que nada tienen que ver con las causas auténticas de nuestra juventud. Como lo informó la propia presidenta Claudia Sheinbaum, la convocatoria real fue mínima, y lo que vimos fue un intento por construir artificialmente la idea de una generación volcada contra un gobierno que, por el contrario, tiene niveles de aprobación históricos y un compromiso probado con las libertades, la inclusión y la justicia social.
Quienes estuvimos atentos al desarrollo de la marcha observamos lo mismo: un pequeño grupo de jóvenes genuinos, rodeados y rebasados por adultos, adultos mayores, viejos operadores de la política tradicional y actores que no tienen empacho en promover el odio, la desinformación y la violencia como estrategia. La propia prensa nacional reportó incluso expresiones misóginas, de odio irracional, jóvenes influencers que se decían sin ninguna simpatía partidista y que resultaron con contratos millonarios con el PAN y la presencia de provocadores encapuchados incluso con sierras eléctricas, que llegaron al Zócalo con la clara intención de generar caos.
La presidenta Sheinbaum fue clara: México es un país libre. Aquí nadie es perseguido por sus ideas ni por expresar su opinión. Lo que sí no podemos permitir es que se normalice el uso de la violencia como forma de hacer política. Y eso es exactamente lo que buscaban quienes infiltraron una protesta juvenil para convertirla en un espectáculo mediático contra el gobierno, incluso recordó como el dirigente del PAN declaro que ya solo les faltaba la violencia como estrategia política. La violencia del “bloque negro”, las agresiones, los petardos y el intento de derribar la valla de Palacio Nacional no representan a la juventud de México. Representan, más bien, el viejo guion de una oposición desesperada, sin agenda, sin proyecto y sin capacidad de convocar de manera auténtica.
Por eso respaldo plenamente a la presidenta en su llamado: lo ocurrido debe investigarse a fondo. La verdad es indispensable, sobre todo cuando algunos intentan lucrar políticamente con el malestar de un país que, sí, enfrenta desafíos importantes, pero que ha decidido caminar por la vía democrática, pacífica y transformadora.
La Cuarta Transformación nació para enfrentar las raíces de la desigualdad y reconstruir la confianza entre pueblo y gobierno. Esa ruta no se detiene por montajes ni por provocaciones. Seguimos del lado de la gente, de las y los jóvenes que sí creen en un México con futuro, y del liderazgo firme, sereno y humanista de nuestra presidenta. Porque la violencia no construye. La esperanza sí. Y México ya eligió seguir caminando con esperanza.