Nuestro gobierno está abocado a la negociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, sin evaluar si este ha sido realmente benéfico para México. Por sus reacciones podemos ver que lo consideran imprescindible para nuestra supervivencia. Eso explica el abandono de la tan presumida soberanía nacional con ejemplos concretos, la interrupción de los envíos de combustibles a Cuba, el establecimiento de aranceles a China (Lo que considero pertinente, si funciona al “Plan México”), la alteración del tratado de aguas con lo que aportamos agua anualmente sin falta, afectando a nuestros agricultores. ¿Qué más estaremos cediendo?
Ese cuento de la “cabeza fría” no ha resultado. Ha sido un error. No se ha hecho valer el peso estratégico que representa México. Considero que como nunca en su historia, México se encuentra en un lugar de privilegio a nivel internacional y en especial frente a Estados Unidos, que gracias a su pretendido “dictador” que los ha venido aislando de Canadá y de Europa, ¿quién le queda? México, porque todo es cuestión de logística, que es la razón del Tratado. Las empresas internacionales lo saben y por eso están invirtiendo; pero tal parece que los únicos que no se dan cuenta de esto son el gobierno de México y nuestra Presidente. Desgraciadamente la presidente un día sí y otro también, da señales de debilidad. Cada pregunta que no responde o que difiere a un subalterno de su gobierno, es debilidad. No tiene control ni sobre su gabinete. Por eso Trump hace con ella lo que quiere.
Somos una potencia exportadora, pero el componente extranjero de esas exportaciones es de cerca del 85%, nosotros solo aportamos el 15%. Por eso, no se han creado el millón de empleos anuales que requiere el país, y tenemos el 55% de informalidad. Esto debilita las finanzas públicas por lo que no se invierte en infraestructura y servicios. Si a esto le sumamos la excesiva concentración del poder, con un sistema jurídico de agravio que magnifica la incertidumbre e inhibe la inversión nacional, obtenemos el nulo crecimiento de los últimos 7 años, lo que reduce el ingreso real de los mexicanos.
Podremos recibir altos montos de inversión extranjera por el tratado, pero estos no tendrán el efecto multiplicador que tendría la inversión nacional. Cometemos el error de pensar que esta se compone únicamente por grandes empresas; pero no, la inversión más multiplicadora es la de la MIPYMES que requieren como todas las empresas: seguridad política, económica y jurídica, políticas gubernamentales estables, la infraestructura, el mercado laboral, el sector bancario y financiero, la burocracia gubernamental y los incentivos fiscales. Invertir en esto reditúa con creces, en vez de perder dinero en trenes, aeropuertos y refinerías ¿Administrados por el ejército? ¡Por favor!