El 19 de enero de este año entró en vigor una nueva ley ambiental: la Ley General de Economía Circular. Aprobada en diciembre pasado, su objetivo general es conservar el valor de los productos el mayor tiempo posible mediante prácticas como minimizar, recuperar, aprovechar y valorizar residuos.
En nuestro país ha sido difícil cambiar la percepción sobre los desechos, que seguimos llamando “basura”. En la ciudad de Chihuahua se generan aproximadamente 1,500 toneladas diarias sin procesos de reciclaje o aprovechamiento efectivos. Por ello la ley incorpora un principio central: “el mejor residuo es el que no se produce”, de modo que minimizar debe ser prioridad antes que reciclar.En la responsabilidad de generar menos residuos tienen mucho que ver las empresas y sus empaques. Productos pequeños presentados en envases sobredimensionados —más empaque que producto— aumentan el desperdicio. Es imprescindible cambiar esta lógica: rediseñar, reducir, reutilizar, reparar, recuperar y reciclar requieren un cambio colectivo de conciencia y, sobre todo, de voluntad.También se necesitan políticas públicas más robustas que incluyan a industrias altamente contaminantes, como la moda, una de las menos sostenibles a nivel mundial y generadora de millones de residuos y efluentes textiles sin sanciones efectivas. Todos debemos contribuir para que esta ley no quede en letra muerta y permita transitar de un modelo lineal (producir-usar-desechar) a uno circular, donde los residuos se conviertan en recursos.Los municipios jugarán un papel clave: los rellenos sanitarios autorizados deberán reconvertirse para aplicar la ley. El reto es grande: crear un Sistema Nacional de Economía Circular que coordine varias secretarías, establecer el Registro Nacional de Economía Circular, diseñar un programa nacional, adecuar normas estatales y municipales y, sobre todo, garantizar compromiso presupuestal para evitar que la iniciativa se reduzca a mera apariencia ambiental (greenwashing).El financiamiento y la voluntad política serán determinantes, especialmente cuando hay municipios que todavía operan con tiraderos a cielo abierto y carecen de rellenos sanitarios. Esperemos que se conjuguen los elementos necesarios para que esta ley deje de ser solo una buena intención y se convierta en un cambio real y perdurable.