Tras la segunda guerra mundial el imperio del petróleo y por tanto de aquellos países que más poseen este recurso o de otros que sin tenerlo, controlan este músculo energético que ha sido clave para alimentar el auge industrial, la expansión urbana y el crecimiento de las sociedades de consumo, especialmente en Estados Unidos, Europa y Japón, en la actualidad no es ajena la inclusión dentro de esos grandes negocios la aparición de la corrupción a gran escala. Desde los años 70’s del siglo pasado este cáncer, en sus expresiones más lacerantes se ha manifestado al asociarse grupos gubernamentales con mafias internacionales.
Todos sabemos que Estados Unidos, el auge suburbano desde las décadas de 1950 y 1960 impulsó el consumo masivo de automóviles privados, donde el petróleo pasó a ser el propulsor esencial para el transporte y la electricidad encontrándose detrás de ello las grandes fortunas.
A su vez con la formación de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) el crecimiento de la demanda energética estaba estrechamente ligado a los suministros abundantes y relativamente baratos de petróleo, provenientes principalmente de los países del Golfo Pérsico, como Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait y Venezuela que dominaban la oferta mundial,
La OPEP nació como respuesta a la percepción de que las grandes empresas petroleras occidentales (las llamadas “Siete Hermanas”: Standard Oil of New Jersey (Exxon), Royal Dutch Shell, British Petroleum (BP), Standard Oil of California (Chevron), Gulf Oil, Texaco y Standard Oil of New York (Socony) ejercían un control desmedido sobre los precios del petróleo, manteniéndolos bajos en detrimento de los países productores. A lo largo de la década de 1960, aunque la OPEP aún no había desplegado plenamente su influencia, ya empezaba a consolidarse como un actor importante en la geopolítica energética. Aún así, en el escenario internacional las prácticas de corrupción no representaban una gran preocupación.
Instituciones del estudio de la economía del petróleo, como la International Anti-corruption Academy con sede en Laxenburg/ Vienna Austria, han indicado que empresas como Pemex (México); seguida por PDVSA (Venezuela); Petrobras (Brasil); SNEFT (Rusia), entre otras, han venido presentando severos descalabros financieros por sus malos manejos y corrupción independientemente del régimen político de sus gobiernos.
Curiosamente estas empresas en la actualidad son organismos estatales de gobiernos de tinte socialista. Venezuela pasó de ser el país más rico de Latinoamérica por su petróleo en 1940 pasó a ser el más pobre y sin democracia. En el caso de México la situación de Pemex es insalvable no sólo por la deuda actual (la mayor del mundo) sino por el Huachicol Fiscal, con un costo de 45 mil millones de dólares anuales. Nos preguntamos dónde quedó la prometida honestidad de la 4ª.T