El pasado 30 de noviembre de 2025, tras más de un año de supuesto retiro político, Andrés Manuel López Obrador reapareció en un video de casi una hora desde su rancho “La Chingada” en Palenque, Chiapas, para presentar su libro “Grandeza”. Sin embargo, como todo lo que hace el político tabasqueño, esta aparición fue mucho más que una simple presentación literaria: fue una demostración implícita de que el régimen de la Cuarta Transformación enfrenta fracturas que requieren la intervención urgente de su fundador.
La retórica del video es particularmente reveladora. López Obrador afirma estar “retirado” y no querer “hacerle sombra a la presidenta”, pero inmediatamente después establece tres condiciones bajo las cuales regresaría a la vida pública: si hubiera un atentado contra la democracia, un intento de golpe de Estado contra Sheinbaum, o una amenaza a la soberanía nacional. Estas condiciones son suficientemente vagas y subjetivas para que el propio AMLO las interprete según su conveniencia en cualquier momento. ¿Quién define qué constituye un “atentado contra la democracia”? ¿Acaso la oposición legítima se considerará “golpe de Estado”? ¿Cualquier crítica internacional será catalogada como amenaza a la soberanía? En otras palabras,: se reserva el derecho de regresar a la política cuando se le pegue la gana.
Más preocupante aún es la visión paternalista, incluso diria yo, machista, que subyace en todo este episodio. López Obrador se presenta como el guardián necesario de Sheinbaum, el protector masculino que resguardará a la presidenta de intentos de desestabilización. Esta construcción narrativa infantiliza a Sheinbaum y sugiere que, como mujer, necesita la protección de su mentor masculino para sobrevivir políticamente.
El régimen de la 4T se tambalea porque carece de institucionalidad sólida más allá del liderazgo personal de su fundador. Los órganos autónomos fueron desmantelados, el Poder Judicial está siendo subordinado, los contrapesos institucionales han sido eliminados o debilitados. Lo que queda es un sistema que depende críticamente del carisma y la legitimidad de una sola persona.
La prueba definitiva de esta debilidad será observar qué sucede en los próximos meses. Si esta fue genuinamente una reaparición única y puntual, como López Obrador afirma, entonces quizás estemos siendo injustamente críticos. Pero si, como sugiere toda la evidencia, esta es la primera de múltiples intervenciones del “expresidente retirado” cada vez que el gobierno enfrente turbulencias, entonces quedará confirmado que la 4T es fundamentalmente un movimiento que no puede sostenerse sin la presencia constante de su líder fundador. Y un régimen que no puede funcionar sin su fundador no es un régimen institucional consolidado; es un movimiento personalista que inevitablemente colapsará cuando su líder carismático ya no esté disponible para rescatarlo de cada crisis. Al tiempo.