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Localviernes, 15 de junio de 2018

[ESPECIAL] ¿Y la lealtad con los tarahumaras...?

Mucha hospitalidad con los migrantes

Salvador Moreno Arias

Sucedió en uno de tantos cruceros de la capital, como tantos son los migrantes que provienen del sur del río Suchiate y los rarámuris que vienen a probar suerte a la ciudad. Representantes de sendos grupos sociales entablaron una “calurosa” conversación.

“¿Qué es la vaina?”, reviró a su vez el hondureño que desde muy temprana hora emulaba a muchos (que no a todos) de sus compatriotas y vecinos centroamericanos, haciendo del cruce el lugar de la obtención de su sustento habitual.

Quien hablaba agregó que una de las razones por las que se nombró y aprobó el proyecto con ese nombre fue la inspiración de la palabra “Hospitalidad”, que el escudo de la ciudad ostenta en su costado izquierdo.

“Y yo me pregunto. ¿Los chabochis que pensaron en esto dónde dejaron el concepto de “Lealtad” (debajo del mismo elemento heráldico)? Me refiero a que se acordaron de ustedes, los migrantes y sus derechos, pero ¿y los de nosotros?”

El catracho sólo asentía. Parecía que estaba más atento a los cambios del semáforo que siquiera a dirigirle una mirada a su interlocutor, como si ese lapso que perdiera se le fuese a “pelar” un potencial donante.

Entre tanto, el yerbero seguía mencionando los argumentos en que regidores integrantes de las comisiones de Seguridad Pública y Participación Ciudadana, hablando de la movilidad humana como derecho y no como delito.

El rarámuri continuó con su reclamo, en el cual hasta se acordó del padre Alejando Solalinde, destacado defensor de los derechos del migrante, y lamentó la enorme falta de otro tipo de padres, ya en las manos de Onorúame, como Chinchachoma o José A. Llaguno.

A punto estaba el hombre de emular la estampa del indígena estadounidense que llora cuando ve que el hombre blanco tira basura, cuando el hondureño dejó momentáneamente su quehacer para darle su versión.

“Ande, pana, ni se crea tanto esas vainas”, comenzó. “Mire que yo ando trabajando aquí con un permiso especial otorgado por Migración (lo mostró), más yo creo que el asunto ese de la credencialización es cachinflín (de pésima calidad) desde el comienzo”.

“Si ven que les da para más ese proyecto, al rato, además de garantizar nuestros derechos, van a querer aprovecharse de la credencial y la van a convertir en un documento oficial pa’ sacarnos de los cruceros y ponernos a trabajar en una maquila”.

“Además, tampoco se crea tan a rajatabla la vaina esa de los derechos humanos, si de ahí mismo (del Municipio) nos dan la sobadita y luego nos atacan el ching… (golpe), como dicen por acá ustedes los mexicanos”.

El hombre de Honduras citó que hace unos días, muchos de sus compañeros migrantes sufrieron lo que padecen inmigrantes como ellos a lo largo y ancho de nuestro país: vejaciones por parte de quienes se dicen la autoridad, pero añaden “abuso de” a esa última palabra.

“No tiene caso que sigamos asoleándonos”, le dijo. “Yo me voy a mi casa a tomar algo”

“A poco se va a preparar… ¿cómo se llama eso que hacen con maíz fermentado?”

“¿Tesgüino? ¿Qué te pasa, compadre?”

“No me diga que va por unas heladas al expendio y que esa es una de las pocas cosas que hay que agradecerle a los chabochi”

“Tampoco. Voy a cocer un poco de perejil para digerir el coraje que me provoca tanta barbaridad de nuestras autoridades”.

“¿Me invita?”

DATO

¿Mala copia?

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