Artilugios / Libros de recetas o de cocina
Vázquez Montalbán habla de ese momento bíblico en que Abraham, al disponerse a comer, recibe a tres invitados inesperados.
Además de becerro, Abraham les ofreció cuajada y leche, y estuvo atento a servirles mientras ellos comían debajo de un árbol.
Dice Marco, el tío del emperador romano, igualmente culpable de la desgracia de Tito.
MARCO: Emperador de Roma; sobrino; esto debe discutirse con calma. El banquete está dispuesto. Tito lo ha preparado cuidadosamente, por la paz, la amistad, la unión y el bien de Roma. Por favor, acercaos y tomad asiento.
TITO: Aquí están, aquí están los dos, cocidos en las empanadas. Su madre se ha cebado comiendo la carne que ella misma engendró.
Como verá el lector, la cocina da para mucho más que reunir recetas en voluminosos tomos y llamarlos pomposamente libros de cocina. Recetarios, creo sería lo más adecuado.
Pero como yo solo soy quien engulle y no acomoda, es decir soy gourmand y no chef, aquí la dejaremos y ya después hablaremos de quienes se creen escritores/as por juntar medidas o cantidades y hervir agua, que a eso se reduce el “arte” del chef.















