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Análisissábado, 30 de agosto de 2025

Democracia Virtual / Coliseo senatorial

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La confrontación entre los senadores Alejandro Moreno Moreno Cárdenas y Gerardo Fernández Noroña en la Cámara Alta del Congreso de la Unión, fue un episodio que reflejó el nivel de conflicto que existe en el país, no solo en la cúpula política sino también en la base social.

Sí, existe un elevadísimo grado de discrepancia entre los diferentes grupos de poder, pero también florece un hartazgo en el corazón del pueblo que ya no aguanta más mentiras, abusos, robos, traiciones y crímenes que han matizado de sangre todo el territorio nacional.

El miércoles 27 de agosto no habían concluido los empujones y las bofetadas entre el líder nacional del PRI y el presidente del Senado de la República, cuando una gran cantidad de mexicanos aplaudía la acción del campechano.

Una gran parte de cibernautas calificaron al legislador morenista como lo más repugnante de la política mexicana y aplaudieron a Alito Moreno haber hecho lo que muchos anhelaban.

El problema es que en esta lucha del poder por el poder los que pierden son los mexicanos de a pie. La marcada división en la sociedad no permite catapultar un verdadero desarrollo y la mayoría es susceptible a la manipulación.

La confrontación es cada vez mayor y, dicho sea de paso, solo falta que nazca un líder que salga a las calles y prenda la corta mecha de la impaciencia y la frustración para que la población exponga públicamente su inconformidad y hartazgo por falta de respuesta a sus necesidades.

Personas incongruentes como Gerardo Fernández Noroña le han hecho mucho daño al país y es preciso señalar que, tanto la Auditoría Superior de la Federación (ASF) como la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno (SAyBG), deberían verificar la procedencia de su riqueza.

¿De dónde saca tanto dinero un hombre que ha vivido del presupuesto legislativo? ¿Con qué dinero le paga a sus “asistentes” que no están en la nómina oficial del Senado? 

En un país donde la desigualdad y la pobreza son una realidad que afecta a millones de mexicanos, resulta inadmisible que figuras públicas como Gerardo Fernández puedan permitirse discursos de austeridad mientras viven en la opulencia. 

La reciente revelación de que el diputado reside en una casa valuada en 12 millones de pesos pone en entredicho su honestidad y su compromiso con los valores que predica.

Tal parece que los principios de López Obrador se fueron directo a La Chingada, ahora que Noroña tiene un patrimonio digno de investigación para conocer su procedencia.

Al “luchador social” se le olvidó que debe circular en un Tsuru prestado y no en camionetas de alta gama o un Volvo, usar un par de zapatos y la ropa indispensable, vivir en un departamentito, viajar en vuelos comerciales y no en primera clase.

Es más, de acuerdo a los que saben de asesoría inmobiliaria no se puede obtener un crédito hipotecario en México por una casa de 12 millones de pesos con un sueldo inferior a los 300 mil pesos, asumiendo 20 por ciento de enganche y tasa del 10 por ciento a 20 años.

Los pagos serían de alrededor de 93 mil mensuales, sin exceder el 30 por ciento del ingreso. El sueldo neto del senador picapleitos como presidente del Senado es de máximo 170 mil pesos y ahora que ya no es presidente va a disminuir tantito. 

Sassón

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