Nemesio Oseguera Cervantes, fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, era uno de los más buscados por autoridades en México y Estados Unidos, acusado de tráfico de drogas y otros delitos
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El post de una cuenta de “X” que tuve la oportunidad de compartir justo ayer habla de lo que realmente es sentirse amenazado en este país, la conciencia que hereda a amigos y familiares la realidad de estar hoy aquí y mañana ya no. Escribe Humberto Padgett: “Si desaparezco, familia, no me busquen después de tres días. Ya sabemos que los amenazarán nomás denuncien. Dirán que me perdí porque quise, que me extraviaron mis equivocaciones. Que mi trabajo nunca tuvo relevancia para que se considere causa válida de mi ausencia. No me busquen porque sólo serán sepultados por la cobardía del poderoso, por los insultos que arropan su impunidad. No me busquen porque ya sabemos que si insisten seremos dos o tres los desparecidos. Familia: si yo desaparezco en este país que en su dolor y su indolencia desaparece, cánsense de inmediato para que descansen pronto, poque la miseria en que me buscarán no tiene fin…”
Lo sucedido ayer en Teuchitlán estuvo mal planeado, o a lo mejor fue el fin que se buscó, la desorganización y la guerra de declaraciones que terminaron en una ausencia tanto del titular de la FGR como del Fiscal de Jalisco. Un expediente entregado, lleno de letras, declaraciones, fechas y descripciones, pero muy lejos la atención a las buscadoras, a las que han puesto en el centro del debate, de la politización del asunto, del señalamiento, deshumanizando el verdadero problema que significa no el rancho en sí, sino el verdadero problema de los desaparecidos en México.
La insensibilidad de los gobernantes, que prefieren en la miseria de una declaración defender su status de poder olvidándose de la premisa de lo que los tiene ahí, los Senadores que abandonan una sesión aplazando el debate del gran tema, y unos diputados locales que advierten por partido aplazar una comparecencia para revisar el informe que se prometió transparente y público.
E redes sociales el tema se olvidó de las víctimas, se olvidó en esencia del centro del problema, se pone a Teuchitlán, al rancho, como el pretexto perfecto para culpar a unos y a otros, a denostar a quien publica llevando el “pleito” más allá del dolor que representa el sitio y que ha conmocionado al mundo entero.
Indigna, preocupa que nos digamos una sociedad, cuando en realidad no existe un calificativo para posicionar la indignación al punto de conciliar y exigir que el foco de atención esté en lo desaparecidos, en su padres, hermanos y amigos, pero el Post de Humberto Padgett desnuda y grita al mismo tiempo la realidad de esto que está bajo nuestros pies, mientras miramos un circo de tres pistas con un triste y deleznable espectáculo político.
El 30 de agosto de 2024, mientras visitaba al Papa Francisco en el Vaticano al llevarle el manto que viste a la virgen de Talpa, le comenté justo el tema de los desaparecidos y su gesto le hizo apretar los ojos y una mueca de dolor: “esa situación es una muerte en vida, es inhumano y nadie soporta… la voluntad para que se acabe es y debe ser de una sociedad comprometida con valores y gobernantes verdaderamente al servicio de la paz ”…
Lo que sigue es lo mismo, pensar que será diferente es una locura, la división del país que ha servido a muchos para llevarse tajo mantiene a la distancia la verdad, el echar culpas ha funcionado a lo largo de la historia, y cambiarlo podrá ser un petardo en la mano. A esperar un distractor para que este gran tema baje en la presión mediática y en la historia lamentablemente seguirá siendo, bandera electoral y promesa de solución.