El progreso y su justa aplicación
Lo contrario sería seguir cerrando los ojos ante la consolidación de la injusticia social y el distanciamiento de las clases acomodadas respecto a los sectores desamparados.
Ya se ha señalado con anterioridad que el progreso no va en el sentido correcto, si solo se refleja en más poder y comodidades para la parte alta de la sociedad.
¿De qué sirve que el hombre llegue a la Luna, si en las rancherías apartadas un niño no puede llegar a la escuela porque no hay caminos, o los existentes se encuentran intransitables. Y aún peor, si ni siquiera hay escuelas.
Por lo tanto, se justifica el señalamiento de que los avances de la ciencia y la tecnología, a veces no han estado muy ligados a las necesidades más grandes que tenemos como sociedad.
En resumen: que el progreso debe ser bienvenido, pero hay que tratar de que sea integral, compartido. Qué bueno que haya crecimiento, desarrollo, avances. Pero más bueno sería si esa prosperidad fuera pareja.
Para qué quiere la Humanidad un hombre fuerte, si en un descuido puede golpear a los demás. Sería mejor contar con un hombre de complexión mediana, pero dispuesto a dar la mano a los necesitados.
La enseñanza sería entonces que conviene mantener una actitud despierta ante nuestra realidad y apoyar los esfuerzos que se hagan por el establecimiento de un equilibrio social siquiera mínimo.

















