La carrera presidencial 2024
La carrera presidencial 2024
La carrera presidencial 2024
Tras 3 semanas de arranque de la precampaña disfrazada de las corcholatas de morena y sus aliado, 6 en total, de las cuales solo dos son auténticos competidores, uno, la tentación del dedazo arbitrario presidencial y las otras tres, decorativos y cómodos rellenos, extras utilitarios y comparsas dobladas de la cuarta transformación, apareció en la escena el Frente Amplío por México, respuesta de la oposición mexicana para participar en el juego y disputar la sucesión presidencial de López Obrador.
Con el acierto de empezar tarde pero designar a su candidato antes que Morena, PRI, PAN, PRD y aliados de la sociedad mexicana se han metido al juego y perturban las cuentas mentales de AMLO, que creyó disfrutaría de un día de campo soleado, libre y anticipado ganador de la elección 2024, hasta que se le apareció Xóchitl Gálvez, mujer empoderada, carismática, respaldada por su inteligencia, raíces, historia y conocimientos del país, su problemática y la administración pública, cambiando el estado del tiempo con lluvia repentina, que puede convertirse en la tormenta que arruine los planes presidenciales. La llegada de una verdadera competidora, fuerte y con estrategia, capaz de vencer a cualquier corcholata en elecciones limpias y democráticas, refresca y reanima la esperanza de tener una elección competida y de pronóstico reservado, lo cual hace bien y les sirve a todos los mexicanos.
Verdaderamente sirve que no haya una definición anticipada del ganador de la elección. Esa simple cuestión, obliga a mantener calma, orden y cumplimiento a la ley. La posibilidad de una transición democrática obliga a evitar la corrupción, rendir cuentas y cumplir dentro del margen de la ley con que el gobierno gobierne y los partidos políticos y los ciudadanos hagan campaña y disputen la democracia.
Nada sirve más a la democracia que el temor al juicio ciudadano. Lamentablemente, la elección llega en tiempos en los que la ciudadanía aún esta adormilada, poco participativa y sin gran interés de volcarse a exigirle a los gobiernos, de vigilar que no haya corrupción, forzar la rendición efectiva de cuentas y fiscalizar el uso del dinero público con severidad y sin importar el color del partido en el gobierno. Una nueva cultura democrática debe de inculcarse y desarrollarse a fin de que nuestra ciudadanía revolucione y obligue a sus gobiernos a responder, a cumplir, a no abusar del poder temporal que el pueblo les da.
Así pues, en una contienda disputada, la calidad de las propuestas, el perfil de las o los candidatos, el talento, la capacidad organizativa, la estrategia y la suma de adeptos y aliados durante el proceso, se convierten para bien en verdaderos factores de triunfo o derrota. Al margen de quien gane la elección presidencial, una elección competida ayudará a evitar los excesos que hagan que las cámaras de senadores y de diputados se carguen a uno o a otro lado entre los bloques partidistas contendientes y ayudará a guardar los equilibrios necesarios para que los acuerdos y los planes necesarios para el bien del país, sin caer en extremos ni posiciones radicales que tanto perjudican a los mexicanos.