Análisisviernes, 8 de agosto de 2025
La fe que venció el odio
Sara S. Pozos Bravo
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Sara S. Pozos Bravo
Los pronósticos que juraban un catastrófico y desolador panorama para la iglesia La Luz del Mundo, han fracasado. Desde los titulares amarillistas hasta los opinólogos y ticktokeros que vertieron en sus espacios todo tipo de premoniciones de desgracia y destrucción, todos han sido silenciados por la auténtica fe de un pueblo.
Una fe que predica la paciencia ante la adversidad. Una fe que enseña el amor a los enemigos. Una fe que practica el perdón ante la mentira, la calumnia y la difamación. Una fe que se yergue inquebrantable. Una fe que espera la respuesta en el tiempo establecido. Una fe que sigue creciendo con más adeptos cada día. Una fe que levanta templos en todo el mundo. Una fe que voltea a ver al prójimo -independientemente de su creencia- y le tiende la mano. Una fe que transforma los tiempos difíciles en oportunidades para hacer el bien, para seguir adelante, para rectificar en las decisiones incorrectas y para seguir hacia el objetivo final.
Porque si algo ha dejado claro la Luz del Mundo, son las razones que mueven a cada uno de los creyentes. El pensamiento analítico y crítico de sus integrantes, aunado al ejercicio de su libertad religiosa, tumbó toneladas de fake news, de desinformación maliciosa, de rumores, de mentiras y de calumnias. Y aunque en el ejercicio de sus derechos se desplazan contra corriente, contra el odio de algunas personas y contra la intolerancia de algunos, lo hacen con dignidad, con la frente en alto y con la razón por delante. Su defensa ha sido y seguirá siendo entender el interés de sus acusadores y conocer de primera mano y por experiencia propia, lo que significa ser de La Luz del Mundo.
La discriminación que han sufrido los millones de creyentes de la iglesia La Luz del Mundo, ignorada casi de manera absoluta por los grandes medios de comunicación, ha tenido como consecuencia la transformación de la fe en fortaleza interior y unidad en torno al apóstol de Jesucristo, hermano Naasón Joaquín García y, al mismo tiempo, mayor crecimiento sostenido.
Ese crecimiento es imposible de ignorar en todos y cada uno de los más de 60 países en donde está presente la Iglesia. La Santa Cena, la festividad más importante para La Luz del Mundo, es un ejemplo del crecimiento de la feligresía y su impacto en la sociedad. Esta festividad se llevó a cabo durante más de 8 décadas, ininterrumpidamente, en la colonia Hermosa Provincia en Guadalajara, cada mes de agosto, pero desde 2017 dio inicio la descentralización de esta reunión. El apóstol de Jesucristo, inspirado por el Creador, indicó que tanto Estados Unidos, como Canadá y los países europeos en donde tiene presencia la iglesia, dejaran de asistir a Guadalajara. En febrero de 2018, en California, USA, por primera vez en la historia de la Iglesia, se reunieron a conmemorar la Santa Cena en Estados Unidos, más de cien mil creyentes.
Pero lo que vino después superó todas las expectativas de propios y extraños. En un contexto particularmente difícil para la fe de los creyentes, en agosto de 2019 se concentraron en Guadalajara -ya sin representantes de Europa, ni de Canadá, ni de Estados Unidos-, más de medio millón de personas. Luego vino la pandemia y en 2020, solo la Iglesia de Phoenix, en Arizona, se reunió para celebrar la Santa Cena mientras las más de tres millones de conexiones en Internet, se convirtieron testigos digitales de la fuerza de la fe que predica el apóstol Naasón. Y a partir de 2021, dónde y quiénes se reunirían iba a depender del crecimiento de la Iglesia.
Así llegamos hasta el día de ayer en Hermosa Provincia y Bethel, en Guadalajara. Pero la semana anterior, Monterrey fue sede para la concentración de los delegados de las entidades federativas de Tamaulipas, San Luis Potosí, Coahuila, Durango y Nuevo León. Cerca de 70 mil personas experimentaron nuevamente el instante en que lo eterno y lo místico se une en el presente. Y los primeros días, en el centro financiero de México, en Santa Fe, más de 100,000 personas en absoluto orden, brillaron.
Lo que ha sucedido con la descentralización de la Santa Cena para llevarse en concentraciones multitudinarias regionales es histórico y marca el inicio de una nueva etapa en estas reuniones. Ahora, la millonaria derrama económica se queda en las regiones de los Estados o países en donde se lleva a cabo. Ahora, los medios de comunicación tienen la oportunidad de dar a conocer de manera objetiva y profesional, sin amarillismos y sin dinero de por medio, lo que realmente es La Luz del Mundo y lo que hace la enseñanza apostólica en los creyentes: mejores personas y mejores ciudadanos.
Esta semana, en la ciudad de Guadalajara, habrá Santa Convocación o Santa Cena. Aquí van a rememorar el sacrificio de su fundamento y fundador, Jesucristo. Aquí olvidarán el odio del que han sido objeto. Aquí se reunirán con sus hermanos en la fe. Aquí tomarán fuerzas para seguir porque el odio no acaba, pero irán fortalecidos. Aquí llorarán una vez pidiendo a Dios que pase de ellos estos tiempos de adversidad. Aquí renovarán su compromiso consigo mismos y con sus convicciones religiosas. Aquí se abrazarán, se saludarán, se reirán. Aquí amarán la elección de Dios por sus cuidados, por su esfuerzo. Aquí recibirán el perdón a las faltas cometidas. Aquí su fe escribirá los capítulos más hermosos, en su paso a la eternidad.