En diversas publicaciones se ha difundido un aparente nuevo concepto del lenguaje, “holk”, es decir no de cualquier idioma, sino del lenguaje cibernético, del argot de pandillas, de la jerga juvenil, que denota la pertenencia a un grupo de anónimos “camaradas” unidos entre sí tan sólo por las imágenes del internet, los teléfonos celulares, o cualquier otro dispositivo electrónico de comunicación.
No existe aún una definición exacta del concepto, pero de acuerdo con información de la Policía Cibernética la Legión Holk es: ”Un grupo de usuarios de redes sociales que se aprovechan de situaciones de emergencia, cuyo objetivo es desestabilizar a la sociedad, aparentando participación en hechos lamentables” (o delictivos), obviamente mediante el disfrute de la impunidad que otorga este tipo de mensajes electrónicos. Son grupos de jóvenes, la mayoría menores de 20 años, “ahora abundan cientos de grupos de esta sub-cultura de “trolls” del internet. A pesar de que tiene presencia en varios países de Latinoamérica, el grupo nacido en México tiene una fuerte presencia en el norte del país”.
Una de las páginas relacionadas a esta comunidad cuenta con más de 140 mil “me gusta”, mientras que grupos cerrados en otras redes acumulan más de 200 mil miembros; por otra parte, cuentan con varios eventos programados en distintas ciudades de México y Estados Unidos, aunque no especifican más detalles de la mismos, dice la misma fuente.
A través de estas redes, los jóvenes se “divierten” haciendo escarnio de compañeros de escuela, de profesores, de autoridades, y de cualquier personaje de la política e incluso de los deportes, lo cual podría ser una forma de manifestar su libertad de expresión, tan castigada y perseguida en otros medios, pero lo peligroso de este mecanismo no es ese derecho a manifestarse sino como dice Fabián Acosta Rico: “Era cuestión de tiempo para que los “millennials” (jóvenes nacidos de los años 90 hacia acá) formaran tribus o pandillas en los ciber-barrios. . . Las legiones “Holk” es eso, una pandilla de “millennials” que formaron una comunidad en las redes para socializar su gusto por los “comics”, los videojuegos y que como buenos y asiduos usuarios de Internet expresan su rebeldía, su choque generacional, su desprecio por los adultos, utilizando los ‘memes’ y otras formas de expresión”.
Según los criterios de filósofos y sociólogos como Zigmunt Bauman citado por el referido doctor Acosta, “la nueva generación desprecia la cultura, las creencias y valores de sus progenitores; manifiestan también una clara y acendrada dependencia de la tecnología, su temprana e intensa exposición a los ‘gadgets’ o rudimentos electrónicos, les ha ido creando una especie de adicción al video y al juego… Nacieron con un pie en el mundo tangible y otro en el virtual”.
Pero cabría preguntar aun aceptando que toda esta carga de predisposición a la violencia y al juego de los “millennials” ¿acaso no será el resultado de la inimaginable crueldad de las guerras de exterminio que les ha tocado vivir, y que de una u otra forma han asimilado a través de las pantallas de sus televisores: los Balcanes; México, Siria y sus millones de desterrados vagando por el mundo? Poco tenemos que decir en nuestra defensa.