Los Hechos | ¿Para bien o para mal?
Y lo mismo pasó con Santa Claus, que como sabemos vino del Norte y con tanto frío que hace en el Polo, tardó tiempo en adaptarse. El trineo se le atoraba en el empedrado.
Sucedió asimismo que lo que solían ser días de recogimiento y unidad hogareña, se ha trastocado en una feria de consumo, fiestas ruidosas, balazos al aire, presentación de shows de espectáculos juveniles y hasta reyertas entre los concurrentes.
Las cadenas comerciales ya no son nacionales, sin principalmente extranjeras. Y en los bancos ha sucedido lo mismo, ya que han pasado a propiedad de empresas de otros países.
El uso del automóvil ha ido de la mano del progreso.
Los aparatos electrónicos se han vuelto indispensables. Los teléfonos celulares, las tablet y todo eso, no son solamente un lujo, sino una necesidad absoluta.
Tanto es así que por ejemplo, hay ciudades –como la nuestra- en que las autoridades obligan al automovilista a pagar a través de un celular el derecho a estacionarse en las calles, alentando de esta manera el consumismo y las dificultades para el contribuyente.
Las computadoras son parte indispensable no únicamente de las oficinas, sino además de los hogares, donde no solamente hay una, sino dos o más.
Los niños ya no son bautizados sólo con los nombres de Pedro, Juan y Pablo, sino que abundan los Kevin, Bryan, Dylan y demás.















