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El inicio de año suele venir acompañado de conversaciones sobre propósitos, alimentación y bienestar. Enero nos invita a reflexionar sobre lo vivido en Diciembre, pero antes de pensar en nuevos hábitos, el calendario todavía guarda una celebración importante: el 6 de enero y la tradicional Rosca de Reyes, una de las tradiciones más representativas de la temporada en nuestro país. Para conocer mejor esta celebración, revisaremos de qué está compuesta la rosca tradicional y el significado de sus elementos.
La Rosca de Reyes no es solo un pan dulce. Su forma circular simboliza la unión y el amor infinito, mientras que las frutas deshidratadas representan las joyas de las coronas de los Reyes Magos. En su interior se esconde un muñeco, que simboliza al Niño Jesús y su historia, reforzando el sentido de compartir. La tradición indica que a quien le toca el muñeco se le considera como una bendición e invita los tamales el 2 de febrero, Día de la Candelaria, prolongando así la celebración. Los ingredientes de la rosca tradicional son harina de trigo, huevo, leche, mantequilla, azúcar y levadura, lo que da como resultado un pan esponjoso.
Desde el punto de vista nutricional, la Rosca de Reyes aporta principalmente carbohidratos, provenientes de la harina y el azúcar, así como grasas presentes en ingredientes como la mantequilla y el huevo. También contiene una pequeña cantidad de proteína, obtenida principalmente del huevo y la leche. La decoración tradicional con frutas cristalizadas, como higo, membrillo, cereza o acitrón, aporta azúcares y pequeñas cantidades de micronutrientes, mientras que algunas versiones incluyen nueces o almendras, que suman grasas saludables en porciones pequeñas. Un pedazo aproximado de 80 a 100 gramos, considerado una rebanada estándar, aporta en promedio entre 250 y 300 kilocalorías, dependiendo de la receta.
Tradicionalmente, la rosca suele acompañarse con chocolate caliente, atole o alguna bebida dulce. Es aquí donde muchas veces se concentra el mayor aporte de calorías, incluso mayor al que puede aportar un pedazo de rosca, ya que el chocolate preparado puede contener cantidades elevadas de azúcar añadida. Una forma más equilibrada de disfrutar este momento es optar por una porción más pequeña de la bebida, preparar el chocolate con menos azúcar o incluso elegir café o té como acompañamiento.
En los últimos años, la rosca ha evolucionado y hoy es común encontrar versiones rellenas de crema pastelera, nata, chocolate u otras combinaciones. Estas variantes suelen aportar más calorías y azúcares, por lo que conviene considerar el tamaño de la porción y recordar que, en este caso, menos también puede ser suficiente para disfrutar.
El momento en el que se consume la rosca también influye en cómo se vive la experiencia. Comerla con calma, sentados a la mesa y como parte de una convivencia, permite reconocer cuando estás lleno y disfrutarla plenamente. A diferencia de hacerlo de prisa o como un antojo, compartirla dentro de una tradición familiar refuerza su valor social y emocional.
Más que una suma de ingredientes y calorías, la Rosca de Reyes cumple una función que trasciende lo nutricional: es un pretexto para convivir y cerrar la temporada decembrina en familia o con amigos. Disfrutarla con atención, sin excesos ni restricciones innecesarias, permite honrar la tradición y mantener una relación más sana con la comida.Al final, el equilibrio no está en eliminar tradiciones, sino en aprender a disfrutarlas con conciencia. Porque incluso en Enero hay lugar para compartir, celebrar y saborear sin prisas, y la Rosca de Reyes sigue siendo una de las tradiciones más dulces para hacerlo.