La catástrofe ya no es silenciosa, pero sigue intacta
Si el país quiere revertir esta inercia, necesita tres decisiones firmes.
Primero, una política educativa de Estado que trascienda ciclos sexenales, con metas verificables al 2030 y 2035. No discursos, sino indicadores públicos de avance en lectura, matemáticas y permanencia escolar.
Segundo, reconstruir la formación y el acompañamiento docente como prioridad presupuestal. Ninguna reforma curricular funciona sin maestros capacitados, evaluados con criterios técnicos y respaldados profesionalmente.
Tercero, restablecer y fortalecer sistemas independientes de evaluación. Medir no es opcional. Es el único modo de saber si se avanza o se retrocede.
















