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Culturaviernes, 27 de abril de 2018

Huracán rosa

¿qué tal como el año pasado?

Mayta

Imaginaba Lilia que casi sería igual este año. Por eso dos meses antes ya preguntaba a su María: -¿Qué tal como el año pasado?-, María ya tenía armado un plan. –Ma, ya ves que fue mucho gasto-, reparó la princesa.

-Bueno, entonces piensa en cómo abatimos gastos, por ejemplo dejamos fuera bolsas de dulces-, recordaba Lilia que los aguinaldos de dulces nunca han faltado.

-Ma, te voy a decir lo que pienso, le dijo a propósito de su pregunta de la fiesta de cumpleaños: - sólo quiero invitar a mis dos amigas de siempre, Dinda y Wendy, nomás-.

-Ah… Pero cómo María, entonces no habrá fiesta, o cómo, no lo entiendo- dijo Lilia.

Pues efectivamente estaba medio complicado explicar a la mamá, cuál era su deseo. No encontraba aún cómo, pero tenía que hacerlo María -Fiesta de tres o cuatro conmigo hija?-. Hasta se enderezó del sillón en el que veía esa tarde la tele Lilia.

-Explícame ¿sí?-. insistía.

-Mami, lo que pensamos mis amigas y yo es ir a una cosa que se denomina un día de fiesta, es todo un día de fiesta para niñas como nosotras-.

La cara de asombro y desilusión de Lilia no tardo. –Eso, ¿qué es eso? ¿y dónde?¡eso no existe!.

-Si ma, si existe, es real--. Sólo tenemos que ir a otro lado, medio lejos, pero sí existe-.

-Ya enloqueciste mija, eso no sé ni dónde está y estoy segura que no existe, debes haber leído mal-.

-No ma, se acercó María con el teléfono en la dirección electrónica del dichoso lugar.

-Aquí mira. Aquí está-. Lilia casi ni quería ver lo que le enseñaba su María. Decepcionada de las decisiones de su princesa, no estaba de acuerdo en compartir tal locura.

-No es una locura ma-, desplegaba María la información en el equipo electrónico. –No te haré caso, debes haber visto eso en otro mundo, en otro país-, replicaba Lilia.

-No ma. Te repito que aquí está y si existe. Está muy padre-.

-¿Cómo sabes? quién dice que está muy padre? ¡No sabes nada!- ya enfadada Lilia que soñaba con la fiesta de su María.

-Está bien ma. Aquí te voy a dejar anotada la dirección para que la busques en tu teléfono cuando quieras, eso es lo que quiero de cumpleaños. Un día de fiesta-.

-Déjame ver la tele, ya no hablaré hoy más de eso-. Fue lo último que hablaron esa tarde. Cayó la noche y nada de hablarse. Y siguió el fin de semana y los días y noches, con ese tema pendiente. El cumpleaños.

Un mes antes de la fecha esperada del cumpleaños, Lilia se decidió abrir la dirección electrónica que le dejó escrita su princesa María. –A ver, qué demonios es esto, que lo cambia por una fiesta aquí, en la casa- así pensaba.

-¡Qué cosa es esta!-, no cabía en su asombro Lilia. No, claro que en sus tiempos ni la idea más remota de que eso existía. Tantos servicios. El trato de una princesa. A los doce años.

Era mucho. Tenía que pensar rápido. Allí estaba Lilia, con el dedo que no quería llegar a dar el “click” de “Regístrese aquí”. Era eso o nada, según María. Eso o nada. Piensa rápido Lilia. Piensa. Ahí va el “click” de la madre consentidora.

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