Martha, la de los tlacoyos
Ella disfruta cuando ve que sus clientes se van satisfechos
Ella disfruta cuando ve que sus clientes se van satisfechos

Miguel Ángel de Alba
Martha es conocida por mucha gente en la colonia Las Palmas, quienes recurren a ella para calmar el hambre matinal o para satisfacer el antojo de mediodía con un tlacoyo o una quesadilla… o varias.
Todos los días llega puntual a la cita, alrededor de las 08:00 horas e instala su puesto en la esquina de Zapote y Galeana. De un auto compacto comienza a sacar la mesa donde colocará los diferentes guisos preparados desde el día anterior, el comal y el tanque de gas, además de la hielera y los refrescos, sin olvidar las servilletas.
Mientras se acomoda, los clientes comienzan a pasar rumbo a sus lugares de trabajo, ya sea la oficina de Teléfonos de México, el Registro Público de la Propiedad, el Impepac o una escuela particular. Sí, una escuela particular, porque los ricos también comen tlacoyos y quesadillas.
Tlacoyo proviene de la palabra náhuatl Tlaoyo, que significa empanada de maíz desgranado. En algunos lugares con más ascendencia náhuatl, como Atlatlahucan, también se les conoce como clacloyos o tlayoyos.
El tlacoyo es el nombre que más se ha popularizado y así se conoce casi en toda la República mexicana. Hoy es un antojito, pero en años muy pasados constituía el alimento de los campesinos, por lo cual se hacían rellenos de frijol seco, para que no se echaran a perder con el calor ni con el tiempo.
Entonces sólo se les agregaba salsa.
Se dice que este platillo fue probado por los españoles en el mercado de Tlatelolco y era común hacerlo de maíz azul.
Se trata de una tortilla gruesa, ovalada y larga, preparada con maíz azul o blanco, la cual ahora se rellena de diversos ingredientes, como frijoles, habas, requesón y migajas de chicharrón, entre otros. Adicionalmente se le pueden agregar nopales, crema, queso y salsa o hasta algún guisado.
Considerado el padre de todos los antojitos mexicanos derivados del maíz, como los tacos, chilaquiles, quesadillas y sopes o pellizcadas, ahora es común encontrarlos en puestos ambulantes, fondas y restaurants.
Martha proviene de Ocuilan, en el Estado de México, una comunidad que al parecer se dedica a la elaboración y venta de tlacoyos, porque en Cuernavaca, al menos, muchas de las mujeres que se dedican a este arte gastronómico proceden de esa comunidad, fronteriza con el estado de Morelos.
Hace diez años que Martha se decidió a dedicarse a la venta de comida, siguiendo la tradición iniciada por su madre, quien le enseñó todo aquello que sabe hacer. Al principio sólo ayudaba a atender a los clients, pero con el paso de los años y ya con experiencia, se independizó y abrió su propio negocio.
Al principio enfrentó problemas con los vendedores que se encontraban en esa zona, quienes avisaban a los inspectores del municipio de Cuernavaca para que le quitaran su puesto. Ya perdió la cuenta de cuántas veces tuvo que retirarse tragándose el enojo por la venta perdida.
Pero también fueron muchas veces las que ella volvía a instalarse, junto con su familia, quien le ayuda en las labores.
Anteriormente vendía en la Feria de Tlaltenango y el 12 de diciembre en El Calvario, pero era muy pesado y cansado moverse de un lugar a otro, por lo que decidió instalarse en un sólo lugar.
Ella disfruta cuando ve que sus clientes se van satisfechos, porque sabe que al día siguiente regresarán, gustosos del sazón de los tlacoyos de Martha.