Análisisjueves, 30 de noviembre de 2017
El diálogo como herramienta educativa
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Al cierre del año, llegando al mes de diciembre, a un tercio del camino del ciclo escolar, los profesores de educación básica van por su cuarta reunión del Consejo Técnico Escolar, con la finalidad de encontrarse en el ámbito de la academia y poner en común sus puntos de vista a cerca del desarrollo del trabajo docente en sus respectivos grupos; los avances, los retrocesos, las satisfacciones y las desilusiones que les ha ido dejando el quehacer diario durante los meses pasados.
Se trata, como en cada reunión, de hacer un balance de las acciones, de los acuerdos y de los compromisos que se han ido llevando a cabo, considerando aquellos que dieron resultados más eficientes y que se han adaptado mejor al contexto escolar, entre los que se puede mencionar los temas siguientes, que son obligados en cada encuentro de maestros:
El incremento en la comunicación y la colaboración entre pares; el aprovechamiento óptimo del tiempo escolar en las actividades de aprendizaje; el apoyo y acompañamiento a los alumnos con bajo rendimiento escolar; el mejoramiento de convivencia escolar entre maestros, alumnos y padres de familia; el fomento a la lectura y la redacción en todos los grados educativos; la mejora en la implementación de las actividades para empezar bien el día, dándole más peso a las asignaturas de matemáticas y español; y hacer las reuniones con los padres de familia para involucrarlos más en la educación de sus hijos.
En particular, es importante que en las reuniones del Consejo Técnico Escolar, con la finalidad de darle el carácter de órgano colegiado de intercambio académico y pedagógico, se practique el diálogo entre pares, entre profesionales de la educación comprometidos con su función y especialmente interesados en su crecimiento técnico, teórico y metodológico, a la vez que humano y personal, a fin de adquirir, en colaboración con otros, mejores herramientas para el desempeño de sus tareas en el aula y para el mejoramiento de la relación pedagógica con sus estudiantes.
En este sentido, es elemental tener en cuenta que establecer el diálogo con otros es más que entablar una sencilla conversación o un simple intercambio de ideas; por el contrario, dialogar implica un compromiso y una responsabilidad mayores pues parte de la explicitación y confrontación de pensamientos distintos en torno a un interés común, pasando por el respeto a las ideas expresadas por los demás, dando la libertad para que todos puedan manifestar dudas o desconocimiento y que se haga evidente la intención de conocer, de entender y de avanzar en la búsqueda de la verdad.
Esto quiere decir que cuando una o más personas se disponen a dialogar, a confrontar sus ideas, opiniones o argumentos, significa que tratarán de comprender y de respetar otros puntos de vista y que estarán dispuestos a aprender de otros. Esto requiere que los dialogantes comiencen por ponerse de acuerdo en las reglas mínimas que habrán de respetar en el proceso dialógico que vayan a emprender, pues será importante que de cada acción dialógica haya un resultado que sea satisfactorio para las partes dialogantes.
Un diálogo productivo y exitoso tiene como base las ideas, las reflexiones, los debates, los argumentos, y también las experiencias de la vida cotidiana de las personas participantes; pero además, el diálogo supone el logro del consenso entre el mayor número de personas implicadas, lo que aplicado al funcionamiento del Consejo Técnico Escolar significa que en su seno habrá de discutir, que argumentar, que disentir, que discordar, que aprobar o desaprobar, pero en todo caso, será necesario que haya productos que sean el resultado de la participación activa, equilibrada y equitativa de todos sus integrantes, para que se obtengan beneficios observables en el desarrollo y crecimiento de la comunidad escolar.
Paulo Freire decía que el diálogo es igualitario cuando considera y reconoce las diferentes aportaciones de las personas, en función de la validez de sus argumentos, en lugar de valorarlos por la posición de poder de quien las realiza. Es decir, a través del diálogo igualitario todas las personas pueden aprender y superarse, ya que todas construyen sus concepciones e interpretaciones del quehacer educativo basadas en los argumentos aportados por todos y cada uno de quienes participan en la acción dialógica en el seno de la escuela.
Jean Lacroix por su parte, decía que los que no son seres de diálogo son fanáticos: se desconocen tanto como desconocen a los otros y que sólo por mediación del diálogo se realiza uno y se conoce al otro, pues al destruir el diálogo se destruye uno a sí mismo y se destruye al otro. Si los maestros queremos construir una nueva escuela, esa que se visualiza en la reforma educativa y que se perfila en el modelo educativo para la educación obligatoria necesitamos aprender a dialogar, a dejar atrás nuestras preconcepciones y fanatismos, para mostrar apertura a lo diferente, a lo nuevo a lo creativo.
Una escuela en la que se practique realmente el diálogo, más allá de la obligación y la simulación de cumplir con las reuniones del Consejo Técnico; que tenga y asuma el compromiso, la entrega y la pasión de todos sus integrantes, seguramente será una escuela diferente, una escuela que crece y se transforma y que se atreve a cambiar, una escuela dispuesta a superar sus vicios y sus rutinas y en una palabra, a ejercer su actividad educativa con altos índices de calidad, equidad y pertinencia.
Queda perfectamente claro que dialogar no es una cosa sencilla y que no todos tenemos la disposición o incluso la capacidad para hacerlo. Pero los maestros, quienes tienen la responsabilidad de educar a otros no tienen opción, deben, necesitan comenzar a dialogar, requieren establecer comunicación e intercambio con los demás agentes educativos, para generar con ellos un diálogo sin condiciones, abierto, incluyente y libre, que les permita ir más allá de diagnosticar problemas a generar propuestas de cambio educativo que trasciendan las paredes del aula y de la misma escuela.
Finalmente hay que decir que el diálogo tiene un sentido, tiene un fin, tiene una metodología, en la que todos los que decidan emprenderlo tienen que conocer, para que se identifiquen y comprometan con la tarea de dialogar, de reconocer y valorar que todo lo bueno que hay en la humanidad se debe al diálogo, a la forma en que los seres humanos han decidido privilegiar el acuerdo, el consenso, la convivencia y la relación armónica de unos con otros.