Manuel Santa María, aparte de excelente músico también se metió a político e hizo sus pininos en el periodismo a la edad de 50 años. (El Coco, 22-XI-1874, p.4). Fue redactor de El Obrero Constitucional en 1874, junto a Jesús Ríos y Valles.
Otros de los muchos redactores en esta primera época del periodismo en Durango fueron: Jesús Centeno (quien también fue abogado y Notario Público de la ciudad), Juan Antuna, Pedro José Olvera, Jesús Cincúnegui y Jerónimo Sida.
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Liliana Salomón Meraz en su obra “Historia del Periodismo en Durango”, el Epílogo lo titula “Los Primeros Forjadores del Periodismo en Durango”, donde establece que “no podría terminar satisfactoriamente esta primera parte sobre la Historia del Periodismo en Durango, 1822-1950, sin hacer un merecido reconocimiento a los primeros periodistas duranguenses que nos informaron e ilustraron a través de sus plumas; nos brindaron entretenimiento y cultura, cumplieron su función de promover opinión en torno a muy diferentes temas; apoyaron o cuestionaron el poder; arriesgaron su libertad por defender sus ideas y fueron piezas fundamentales en el periodismo local.
En lo particular, en la página 456 de mi obra “Durango. Periodismo y Comunicación. Siglos XIX y XX” abordo el tema en el Capítulo IX bajo el título “Los Primeros Forjadores del Periodismo en Durango”. El periodismo, era ante todo una ocupación paralela a otros oficios importantes y reconocidos socialmente, pero a diferencia de éstos, era un producto de la necesidad de expresión de ciertos personajes involucrados en otras labores como la abogacía y la literatura. (Navarrete Maya Laura y Aguilar Plata, Blanca, Óp. Cit. P. 70).
Manuel R. Gallo, Francisco Gurza, Francisco Broques, Pedro López, Rafael Ibargüen, Jesús Perea, Gil Peimbert, Ignacio Michel, Jesús Ríos y Valles, Francisco Pérez Gallardo, Ramón V. Ochoa, Luis A. Cavié, Emiliano G. Saravia, Juan Guerra y Carpio, Rafael Moreno, Francisco O. Arce, Ignacio Borrego, Manuel Rocha, Alberto M. Alvarado, Mauricio L. Sánchez, Joaquín Amérzaga (Jr.), Jesús Piñeiro, Agustín Centeno y Francisco Castillo Nájera, son algunos de los directores de medios impresos durante los primeros ochenta años del periodismo en Durango (1822-1902).
Ignacio Michel en 1872 fue director de El Cepillo y redactor en diversos periódicos como La Enseñanza Civil en 1875 y El Eco en 1887. En el año de 1880 fungió como director del Instituto Juárez y como diputado local. Por su parte, Jesús Ríos y Valles, en 1871 dirigió el periódico oficial El Sufragio Libre; para 1874 fue fundador de El Obrero Constitucional y en 1877 encabezaba el periódico político La Sombra de Guerra, al tiempo que aspiraba a ser gobernador de Durango. También redactó en algunos impresos durante varios años.
Mauricio L. Sánchez estuvo vigente en la prensa escrita durante varias décadas. Fue creador de los periódicos: El Reporter en 1901; Telegramas en 1917; Revista Durangueña El Comercio en 1920; Orientación en 1920; El Diario en 1929 y Diario de Durango en 1938. Salvador R. López, en su libro “Cómo era nuestra ciudad”, lo describe de la siguiente manera: “Don Guicho Sánchez, telegrafista y periodista; inteligente, activo, caballero y gran luchador, afable y estimado, siempre andaba de fiestas y comilonas. Hombre viejo, obeso, de gruesos lentes y piel moteada. Era de Sinaloa, pero su esposa y sus hijos de esta dulce y quieta provincia, donde pasó la mayor parte de su vida”. (Ibíd. P. 176).
El profesor Bruno Martínez, autor de la Reforma Escolar Durangueña, fundador del Liceo para Niños, director del Instituto Literario, Inspector Escolar, director de Escuela del Estado, también contó con la faceta de articulista en algunos periódicos de la localidad como La Tribuna y fue fundador del Boletín Escolar en 1901, órgano profesorado de las escuelas oficiales de esta ciudad.
Alberto M. Alvarado, aparte de ser un destacado músico y compositor de fama internacional, con valses como “Recuerdo” y “Río Rosa”, empresario de espectáculos teatrales, también fue director de “Terpsícore”, publicación musical fundada en 1899 y los bisemanales “El Clarín” en 1901 y de “El Correo de Durango” en 1902. Asimismo fue editor de “La Estrella” y tenía su propia imprenta denominada Agencia La Anunciadora.
Alberto Martínez H, director de Sacristán en 1919 y de Redención en 1921, además de escritor y periodista fue “poeta magnífico, culto, ameno en su charla, gran humorista y satírico que desempeñó por algunos años importante puesto en la superintendencia de los ferrocarriles; ciudadano muy aficionado a las copas, honesto y de gran valor civil; flaco, trigueño, desgarbado, anticlerical, distinguido universitario de edad madura”. (Ibíd. P. 175).
En el siglo XIX la presencia del sexo femenino es inexistente y no es sino hasta a principios del siglo XX cuando se empieza a percibir. Una de las precursoras fue la profesora Francisca Escárzaga, quien en 1901 colaboró en El Boletín Escolar; para 1904 escribía artículos en La Tribuna, con una sección feminista. (La Tribuna, 03-I-1904, p.1). En 1916 participó como fundadora de la Escuela Normal del Estado. En 1922, al tiempo que laboraba como profesora, también se desempeñaba como administradora del periódico Pluma Libre. Asimismo, compuso varias poesías y dictó algunas conferencias.
Para 1915, la profesora Juana Villalobos, redactaba artículos sobre temas referentes a la educación en el periódico político La Voz de la Revolución; Natalia García de Gamero también colaboraba con ensayos sobre la mujer en el periódico La Tribuna, en 1935. A partir de 1947, con el nacimiento de El Sol de Durango, se va incrementando la presencia del sexo femenino con María del Refugio Elías de Rivera, quien tenía a cargo la sección de sociedad y Verónica Pengel, la de belleza. Posteriormente más féminas irían haciendo su camino en los medios impresos de la entidad.
Ya entrado el siglo XX, otros periodistas como Joaquín Amérzaga, Jesús Piñeiro, Francisco Castillo Nájera, Ignacio Borrego, Juan de Dios Ávalos, Pedro S. Díaz, Juan Vázquez, Sebastián Vera, Francisco A. Ávila, Juan Fournier, Eduardo González, Emilio Gandarilla, Francisco de la Campa, Pedro S. Díaz, Manuel M. Guzmán, Alberto Castillo, Ángel Arratia, Juan Urdinavia, M. Vázquez, Enrique González y Antonio Martínez y Horcasitas, continuaron informando a la ciudadanía con la misma vocación que muchos de sus contemporáneos y antecesores.
Tampoco podría dejar de mencionar a Francisco Zarco Mateos (1829-1869), periodista y político mexicano nacido en esta ciudad y quien fue autodidacto, estudió idiomas, derecho, teología y ciencias sociales, de cuyos conocimientos dio prueba en sus escritos y discursos. Entre muchos atributos, el 01 de enero de 1852 apareció en El Siglo XIX, el diario más importante de la época, como cronista y gacetillero y a partir del 30 de abril de 1853, fungió como director responsable. El 05 de mayo de 1852, sin abandonar su trabajo en El Siglo XIX, fundó, junto con Félix María Escalante, Joaquín Téllez y otros miembros de El Liceo Hidalgo, Las Cosquillas, publicación de sátira política, siendo perseguido –a pesar de ser miembro del Congreso- por un artículo publicado en este impreso, llamado ¿Qué sucede?, en el que acusa a Arista de preparar un golpe de Estado.
Una vez restablecida la Constitución de 1857 y el derecho a la libre expresión de las ideas del artículo 7º, se formuló la Ley de Imprenta de 1861, inspirada por Francisco Zarco, quien también fundó La Independencia Mexicana (junio-diciembre, 1863), el cual se mantuvo sin la subvención del presidente a pesar de la pobreza extrema de su director, y en Saltillo creó La Acción. En 1864 se autoexilió a Nueva York, desde donde siguió escribiendo artículos para varios periódicos tanto de México, como de Centro y Sudamérica. Regresó a su país en 1867 y falleció dos años después. “Dominó todos los géneros periodísticos: el editorial, la gacetilla, la crítica, la crónica, el comentario, etc. Hizo una magnífica crónica del Congreso Constituyente; fue Secretario de Relaciones Exteriores, declarándosele al morir, benemérito de la patria”. (Caloca Carrasco, Eloy. Óp. Cit. P. 146).
Otro personaje es Juana Belem Gutiérrez de Mendoza, nacida en San Juan del Río y quien a pesar de su origen humilde y su formación autodidacta, logró desenvolverse en el frente ideológico, a través de la prensa, desde donde emitió fuertes discursos en contra del régimen porfirista y también formó parte del frente de combate zapatista y del frente feminista.
Mujer adelantada para su época y considerada una de las precursoras del feminismo en México, Juana Belem Gutiérrez, vivió en constante peligro debido a la manifestación de sus ideas que plasmaba en diferentes artículos periodísticos y por ser una mujer comprometida con su lucha contra el autoritarismo. También fue una de las primeras voces que exigió al gobierno de Francisco I. Madero, el voto de las mujeres y reivindicaciones laborales para sus trabajadoras.
Otra mujer periodista originaria de nuestro estado es Hermila Galindo de Topete, quien nació en Ciudad Lerdo, Durango, el 29 de mayo de 1896. Estudió para maestra en Durango y Chihuahua. Al empezar a ejercer su profesión aprovechó sus clases para proclamar en contra del régimen del entonces presidente Porfirio Díaz entre sus discípulos.
A los 15 años Hermila tuvo contacto con los seguidores del opositor Francisco I. Madero en Durango. En 1911 se trasladó a vivir en la Ciudad de México donde trabajó como secretaria para el gobierno maderista. Tras la Decena Trágica luchó en contra del usurpador Huerta. Como periodista fundó el diario “La Mujer Moderna”, en el cual apoyó ideas feministas. En sus páginas, el gobierno de Carranza atacó abiertamente al poder eclesiástico por su contribución ideológica a la subyugación de las mujeres y promovió la educación sexual en escuelas públicas.
Gran parte de su lucha se abocó a trabajar por ganar derechos iguales para los hombres y las mujeres, fue candidata a diputada y, aunque no logró la curul, su ejemplo fue ilustrativo para que más tarde, en las décadas de 1920 y 1930 las mujeres pugnaran por ocupar esos espacios. En el Distrito Federal existe un premio que otorga la Comisión de Derechos Humanos y que lleva el nombre de Hermila Galindo de Topete, con la finalidad de reconocer su trayectoria de vida. (www.criterio.com/modules.php. Texto de Erika Cervantes).
Pero aún y cuando no es posible mencionar todos los nombres de los pioneros del periodismo en Durango, no se pierden en el anonimato, porque quedan de testimonio muchos de sus periódicos y su tesón para difundir los acontecimientos que se gestaban día con día; trabajo que ha servido enormemente a muchos historiadores, escritores e investigadores tanto locales como foráneos, para documentarlo en libros que nos han dilucidado parte de la historia.