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Durante mucho tiempo los líderes campesinos fueron presidentes municipales, en realidad salvo Durango, Gómez Palacio y Lerdo, en los demás municipios fueron gente del campo, inteligentes, que no preparados y con fama de honestos.
En Guadalupe Victoria fue presidente municipal Macedonio Rodela Córdova, que tenía un gran afecto por los profesores.
Quizá para compensar su falta de preparación, la gente analfabeta o semianalfabeta tenía inclinación por los maestros.
Recuerde que Francisco Villa en Canutillo les tenía asignados un sobresueldo igual al de sus generales.
Bien, para un 15 de mayo, don Macedonio siendo presidente municipal, organizó una comida de homenaje a los profesores de ese municipio.
El curtido líder campesino expresó en su mensaje:
Señores profesores.
Señoras profesoras.
Y no digo señoritas porque sé que no hay ni una.
Esta frase cayó como un mazazo sobre las maestras ahí presentes, especialmente aquellas que eran vírgenes o presumían de serlo.
Se hizo un enorme silencio pero el presidente continuó: y no digo señoritas porque la maestra es considerada la segunda madre de nuestros hijos.
El suspiro de alivio de las profesoras podía cortarse con una navaja.
Y siguió el edil: yo pienso que los campesinos y los profesores formamos una cadena, los campesinos somos los eslabones, los profesores los arbollones.
Y lo aplaudieron. ¿Va usted a creerlo?
Este mismo personaje obtuvo del entonces secretario de Agricultura y Ganadería un donativo de 50 borregas pura raza australiana, de gran excelencia y 4 machos sementales de igual categoría.
Se las hicieron llegar por barco y por tren con personal calificado para hacer la entrega al edil y el recado del ministro de Agricultura, Gilberto Flores Muñoz, de que en un tiempo breve él personalmente viajaría a Victoria para la entrega oficial.
El día que estuvo el ministro pronunció un discurso alabando a los campesinos la diversificación de funciones y el interés del gobierno federal por la integración rural.
A la hora de entregar los animales el ministro notó que faltaban 6. — Y reclamó, ¿y las borregas que faltan?
Las hicimos barbacoa en su honor, señor ministro. Y con ello, sin duda en Guadalupe Victoria se ha dado la barbacoa más cara del mundo.
Ambas anécdotas verídicas, por ésta.













