El día que Durango no explotó
El ERROR 404 no siempre suena como una alarma. A veces es un susurro, otras un grito que nadie oye
Alberto Serrato
Desde el primer archivo que Rubén me entregó en el vidrio de la van, no he dejado de soñar con hornos encendidos, mujeres de cabello verde y una frase que me despierta cada madrugada:
“Ya ponte esto en la boca o te vas a convertir en un monstruo.”
Han pasado veintitrés días desde que Rubén me tocó la ventana. Y hoy, de nuevo, es 24 de julio.
Lo sé porque toda la ciudad huele a algo parecido al pan quemado.
Bitácora de Ciclos Fracturados:
Si estás leyendo esto, es porque también estás atrapado en el 24.
Me senté en la silla podrida y comencé a leer. Cada página era un 24 de julio distinto. Rubén anotaba lo que había intentado para evitar la explosión del día siguiente. Todos los intentos tenían éxito en evitar la explosión, pero fallaban en algo más.
Registro 24 de julio (día 1):
“Corrí por el centro gritando que nadie saliera. Me detuvieron. Me golpearon. Me llamaron loco. Me encerraron. También a otro loco que buscaba detonar el ERROR 404 a las 4:04 p.m. Vi los fuegos artificiales, pero el loco seguía vivo.
Registro 24 de julio (día 27):
Registro 24 de julio (día 89):
“Le disparé a un policía. No quería hacerlo. En realidad, era él quien detonaría el ERROR 404. Me dispararon. El tubo magenta me absorbió. Me desperté otra vez en la silla. El horno estaba apagado.
––La ciudad está a salvo. Yo seguiré atrapado en este día. No me sigas porque puedes ser parte de esto.
Rubén ya no es un loco. Es un salvador.
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