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Culturasábado, 24 de febrero de 2024

Hablemos de horror: Viaje con la muerte 

Hablemos de horror: Viaje con la muerte 

Alberto Serrato

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Corrió de inmediato a las escaleras, de tres saltos llegó a la planta baja. El cuarto timbre estaba por sonar junto con el tic tac del reloj, pero Davis levantó la bocina, esperando escuchar alguna voz humana que disolviera el miedo irracional dentro de su ser.

–Hola.

–Que tal, me comunico del grupo de incidencias del 911. ¿Es usted familiar del señor Richard Murnich?

–Si, es mi padre –Contestó Davis a la voz femenina que se distorsionaba entre bullicios provenientes de la bocina telefónica.

–Es necesario que acudan al centro de servicios municipales, ¿es usted mayor de edad?

–Tengo 22 años, señorita, ¿me puede decir qué sucede? –Un silencio se prolongó entre ellos dos, a excepción de los rumores y tecleos provenientes del auricular de Davis.

–Su padre tuvo un accidente fatal, desgraciadamente ha muerto.

–Davis sintió un mareo y ganas de vomitar, sus ojos se desorbitaron por unos segundos. El silbido dentro de sus oídos desapareció por completo y en la llamada solo se alcanzó a percibir un hueco mental incomprensible para la mujer del 911, para Davis, para mí y quizá también para ti, confundido lector.

– ¿Familia Murnich?

–Así es, ¿puede decirnos qué pasa? –Alegó la madre con una lejana esperanza, voz ahogada y carrasposa.

–¿Qué sucedió con mi padre?

–Vaya, qué noche, chico, ¿qué haces solo a estas horas? No sabes los peligros que hay en este pueblo y más a estas horas.

–No me interesa el peligro, lárgate de aquí, viejo.

–Vaya, sigues en tu papel del chico que escucha rock duro –El vejete sonrió con cierta bondad.

–¿Por qué no te largas antes de que te rompa la cara?

–Creo que el cáncer de tu madre te tiene loco –Davis abrió los ojos tan grandes que parecieron salirse de las cuencas y ácidos gástricos vinieron a su garganta, el humo azuloso rodeó al hombre y su mirada vacía se clavó en Davis–, está bien, si no quieres la respuesta me marcho ahora mismo.

Davis, en un estado parecido a la hipnosis, caminó hacia la puerta copiloto y en medio de un silencio similar al de un cementerio, abordó con su nuevo amigo. El miedo pasó a segundo plano porque la esperanza había vuelto. Quizá sí era la respuesta.

–El cáncer es así, Davis, no solo consume al enfermo, también consume a los seres queridos y el dinero, pero, ¿quieres dinero?, dinero vas a tener, hijo. Ahí está la respuesta –Davis en realidad, no podía hablar, pero tenía que hacerlo, pues no entendía ni una palabra del viejo ese terco.

–Yo… yo… yo… no sé de qué está hablando, señor… señor… ¿muerto?

–¿Quién anda ahí? –Gritó el guardia, pero el viejo sin vida se encargó de la situación con unas cuantas distracciones y papeleo, volando en remolino, causando el desmayo del cuidador.

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