Sal y Luz
Exsurge
El evangelio, con estas dos imágenes, nos invita a ser sal y luz para los demás. Nos invita a dar sabor a la vida de quien se encuentra a mi lado, a resaltar sus potencialidades, a conservar sus virtudes. Ser sal en la vida del otro equivale no a echar a perder, sino a mejorar.
Y ser luz significa iluminar, orientar, dirigir hacia el bien la vida de aquellos que me rodean, de mi prójimo. Pero también significa manifestar las buenas obras que derivan de mi fe. Así brillaremos como un buen testimonio para los demás.
Con mucha frecuencia todos buscamos la sal y la luz en nuestra vida ordinaria. Qué bueno sería que los demás nos busquen porque para ellos somos sal y luz. Así nuestra amada iglesia católica resplandecerá por su testimonio y vendrán por atracción muchos fieles más.

















